La primera lectura que
hemos escuchado en la celebración de este misterio de pasión, es una visión
profética de Isaías (Is 52:13-53:12), donde se describe el futuro holocausto
del Mesías prometido, su significado y los beneficios de este hecho para la
humanidad pecadora. Así lo ve Isaías: <<Desfigurado no parecía un hombre,
ni tenía aspecto humano. ( ... ) Le
vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre
de dolores, acostumbrado a sufrimientos>>. Exactamente esta fue la
situación de Jesús, detenido, maltratado, escupido, azotado, coronado de
espinas y clavado en la cruz.
¿Cuál era la razón profunda de la situación en que se
encontró Jesús? Lo dice Isaías: <<Él
soportó nuestros sufrimientos, y aguantó nuestros dolores. (…) El fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes>>. Él no sólo se había hecho solidario
con la humanidad, compartiendo todos los avatares de la vida de los hombres.
Además, había sido enviado a restaurarnos, crearnos de nuevo, a ser un segundo
Adán para inaugurar una nueva Alianza de Dios con nosotros. Tenía que poner fin
a la historia de una humanidad pecadora para inaugurar otra, el pueblo fiel a
Dios. De alguna manera debía hacerse cargo de todo el mal pasado para borrarlo
y empezar de nuevo. Por eso se convirtió a favor nuestro en << (un hombre)
herido de Dios y humillado >>. Entonces, << nuestro castigo
saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron>>.
Jesús soportó los dolores y las burlas de la pasión y la
misma muerte con una entereza total: <<Como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca>>. Cumplida la misión, el resultado
benéfico no se hizo esperar: <<Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y
crecerá mucho. (…) Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra
árida>>. Porque era éste el proyecto de Dios Padre: <<Mi siervo
justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos>>.
El mundo cristiano, desde la resurrección
hasta ahora, con sus altos y bajos, con sus virtudes y defectos, es el
testimonio histórico del éxito del plan de Dios, llevado a cabo por la Pasión,
la muerte y la Resurrección de Jesús , que estos días conmemoramos y
celebramos.
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