Presentación

Presentación
Mosén Enric Prat presenta estas nuevas Homilías, totalmente diferentes de las ya conocidas (www.bisbaturgell.org - homilias dominicales). Son diferentes en el contenido, en el estilo y en la extensión. Cada Homilía contiene una sola idea, la expresada en el título. La breve argumentación se basa casi únicamente en los textos litúrgicos del día. Creemos que estas homilías pueden facilitar a cada interesado la preparación de la suya propia; o como guión de un comentario más espontáneo. La mejor utilización, sin embargo, la encontrará cada usuario interesado. Posiblemente, otras personas además de los predicadores, encontrarán en estos escritos la ocasión de profundizar en el sentido íntimo de la Palabra de Dios en la Liturgia, y de saborear el consuelo espiritual que nos ofrece. Sea todo ello para alabanza de Dios y a beneficio espiritual y humano de cuantos quieran hacer uso de este medio. Muchas gracias.
Terminada la publicación en este BLOG de las NUEVAS HOMLIAS, me atrevo a proponer a los amables usuarios una nueva Etiqueta: EL RINCON DE LA MISTICA. La mística, no en su vertiente de hechos extraordinarios, como el éxtasis, la levitación, las locuciones o las visiones, sino como alternativa a la ascética, con la atención puesta en las obras de San Juan de la Cruz y en el autor anónimo del libro lA NUBE dEL NO SABER. La ascética se basa en el razonamiento, el esfuerzo y el protagonismo personal. La mística abandona todo protagonismo personal para atribuirlo sólo a Dios, de acuerdo con lo que recomienda el Salmo 36: Encomienda al Señor tus caminos; confía en él, déjalo hacer. O respondiendo a la oferta de Ap.3,20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. El místico recibe, por medio de la iluminación que le es dada, una noticia nueva de la naturaleza de Dios, que es oscura e inexplicable. Los autores la llaman docta ignorancia o rayo de tiniebla. Este trabajo, que ha sido publicado en la revista l’Església d’Urgell y con una buena aceptación por parte de muchos lectores, puede ser útil para la lectura y meditación particular, y también como herramienta de trabajo para grupos de oración, de formación espiritual o de catequistas. Gracias!

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lunes, 17 de noviembre de 2014

Divina realeza (T. ordinario – 34 – Cristo Rey)

           Alguien puede acceder a la realeza por herencia o también por conquista de un reino. En el caso de Jesucristo Rey, convergen ambas causas. La primera: <<Tú eres príncipe desde tu nacimiento, con esplendor de santidad; yo mismo te engendré como rocío desde el seno de la aurora>>. Así, pues, Jesucristo recibe por herencia el reino de Dios. En segundo lugar, Jesucristo se constituyó Rey por conquista, en su lucha contra el reino del mal: <<Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él gloria y poder por los siglos de los siglos >>.
            El Reino de Jesús no es de este mundo, pero se engendra y se gesta en este mundo: << Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  (...)  Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear, -oráculo del Señor Dios->>. Con esto Jesús nos dice que él es un Rey servidor de sus súbditos, un rey con dedicación plena, un rey pastor; que él es el fundador de un nuevo Reino, hasta entonces desconocido en la tierra: << Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia de amor y de paz >>

            La justicia de su reinado se hará evidente al final del recorrido: <<El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras>>. Lo encontramos más escenificado en el Evangelio de Mateo:          << Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, (...) se sentará en su trono de gloria y serán reunidas ante él todas las naciones>>. Será el momento de dictar sentencia. A unos: << Venid vosotros, hijos de mi Padre (...) tomad posesión del Reino. ( ... ) Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis>>. A otros les dirá: << Apartaos de mí malditos. (...) Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo>>. Al final, <<Cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios será todo para todos>>.

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Santa normalidad (T. ordinario -33- )

            Para realizarse plenamente como persona no hace falta sobresalir como hace un político, un artista, un deportista campeón, un literato reconocido, un científico importante. Es suficiente que cada uno viva plenamente, utilizando los carismas y las cualidades que ha recibido naturalmente. A semejanza de la buena esposa del libro de los Proverbios: <<Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Extiende la mano hacia el huso y sostiene  con la palma la rueca. Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre (...) Vale mucho más que las perlas. Su marido de fía de ella y no le faltan riquezas>>.
            Dudo que muchos de los personajes que aparecen en los medios a diario disfruten de una realización personal tan limpia y tan plena como esta esposa bíblica, porque el renombre que proporciona la publicidad, puede quedarse sólo en un maquillaje externo que no corresponde correctamente a la realidad. ¡Quién sabe si, los que viven cerca de esos personajes mediatizados o socialmente relevantes confían o no en ellos! ¡Quién sabe si no los ven más que como hombres de paja, sin calidad humana profunda y estable!

            El pasaje del Evangelio presenta un propietario, que encomienda la administración de sus bienes a tres personas a las que confía cantidades diferentes. A la hora de pedir cuentas no da importancia a la cantidad de bienes recibidos, sino a la dedicación y a la diligencia que ellos han puesto en la administración de lo poco o mucho que les ha sido confiado. Y al que ha hecho fructificar el lote, le dice: << Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa  al banquete de tu señor>>. Poner a pleno rendimiento lo poco o mucho que hemos recibido es la clave de nuestra realización, de la respuesta al Dador de todo, y de nuestra felicidad >>.

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martes, 4 de noviembre de 2014

Desear la sabiduría (T. ordinario -32- )

           El deseo, cuando busca algo positivo y, si el objeto deseado, además, es de una importancia capital, se convierte en el gran motor de la vida. Esto ocurre cuando el deseo se convierte en amor, y si lo que desea el hombre es la sabiduría. Aquella sabiduría que es un conocimiento global del momento presente en relación a la propia vida, y también una evaluación profunda de las cosas y de los acontecimientos. Es decir: saber y entender cómo debemos vivir el momento presente y sus circunstancias, para hacerlo favorable a nuestro bien integral.
            En el libro de la Sabiduría leemos: <<La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentra los que la buscan. ( ... ) Meditar en ella es prudencia consumada>>. La sabiduría total, infinita y eterna es Dios mismo. Por eso, quien busca la sabiduría, busca a Dios y, quien encuentra a Dios, encuentra la sabiduría. La investigación con deseo de sabiduría siempre resulta eficaz, porque: <<Ella misma se da a conocer a los que la desean>>.
            La sabiduría es prudente, prevé las circunstancias posiblemente variables y se prepara para cualquier eventualidad; como las vírgenes prudentes: <<Las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. (...) Y las que estaban preparadas entraron con él (el novio) al banquete de bodas, y se cerró la puerta>>. Las necias habían ido a comprar aceite y llegaron tarde. La fiesta ya había comenzado y no pudieron entrar. << Él (el novio) les dijo: Os lo aseguro: no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora >>. Vivamos nosotros preparados con la sabiduría, la prudencia y la previsión constante.
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sábado, 1 de noviembre de 2014

Los pastores (T. ordinario - 31)

           Los pastores, dentro de la Iglesia, somos los que, en diversos grados, hemos recibido y aceptado el encargo de anunciar la Buena Nueva, de iluminar las conciencias a la luz del Evangelio, de administrar los Sacramentos, que son medios de salvación, y de acompañar a los creyentes en su itinerario hacia Dios. Para el cumplimiento de este ministerio no nos basta poseer la competencia -diríamos profesional- como son el conocimiento suficiente sobre Teología, Liturgia, Catequesis, y las normas de vida cristiana, sino que se nos pide, además, que nuestra vida esté en consonancia con el mensaje que enunciamos. Contrariamente, estamos abocados al resultado contrario del que pretendemos: <<Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley >>.
            Es aleccionadora para nosotros la actitud de servicio amoroso de San Pablo: <<Os tratamos con delicadeza, como la madre cuida de sus hijos>>. El pastor con actitud de servicio nunca exige más de lo necesario, y siempre lo hace pasando adelante amorosamente con su comportamiento. Nunca imita a los maestros de la ley y a los fariseos: <<Les gustan los primeros puestos  en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas>>.

            Los fieles conscientes y responsables, por su parte, saben ayudar a su pastor: le comprenden, porque saben que es de su misma naturaleza débil, le perdonan porque ellos también son pecadores, y le quieren porque saben que está a su servicio. Como en el caso de San Pablo: <<Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio, sino nuestras propias personas, porque os habéis ganado nuestro amor>>. Los fieles comprenden las limitaciones y los defectos de su pastor, porque cada uno de ellos, a su vez, sufre las propias limitaciones y defectos. Sirve de ayuda y consuelo para el pastor la buena disposición para la acogida de toda acción pastoral y de la predicación, como pasó en Tesalónica con S. Pablo: << Al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de Hombres, sino cual es en verdad, como palabra de Dios>>.

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lunes, 27 de octubre de 2014

Marcados en la frente (Todos los Santos)

           Espectacular la visión de San Juan: << Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó: (…) No dañéis a la tierra ni al mar ni  a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios>>. Se supone que se refiere a la apoteosis final, cuando Dios cerrará el resultado de la historia humana y marcará, ante todo, a los justos de Israel. <<Eran ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel>>. Parecen pocos los justos de toda la historia de Israel. Pero es que se trata de un número simbólico.
            El ángel marcará también a los sirvientes del nuevo pueblo elegido, la Iglesia, que se extiende desde la venida de Jesucristo hasta el final de los tiempos. Su número será inmensamente superior, toda vez que la Iglesia ya no ha sido reducida a un territorio o a un pueblo pequeño, sino que se ha extendido durante muchos siglos, por toda la tierra y sus habitantes, y son incontables los mártires que << han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero>>. Son también incontables los confesores y las vírgenes que han seguido las huellas del Cordero, y se han hecho semejantes a él.
            Después, recalca San Juan: <<Apareció en visión una muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua>>. Se trata de los que no habían podido conocer a Jesús, pero que habían vivido conformes a la luz de la razón y de la conciencia personal. <<Rindieron homenaje a Dios, diciendo: “Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el  poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén>. Venían de << la gran tribulación >>, y el misterio de Dios y de Jesús, que apenas habían vislumbrado en la neblina de la fe, ahora lo veían claramente con sus propios ojos.
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miércoles, 22 de octubre de 2014

Como tú mismo (T. ordinario - 30 )

<<El segundo es semejante a él (el primer mandamiento): Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>. El prójimo....Este es el problema. Porque el prójimo, además de los parientes, los amigos, los vecinos, los conciudadanos de patria, raza, lengua, religión y opción política, lo son también los que ostentan los signos contrarios, o al menos alguno de ellos. Lo son también los inmigrantes:   << No maltrates ni oprimas a los inmigrantes. (...) Si los tratas mal y alzan a mí su clamor, yo los escucharé >>. Así pues, para mí, el otro son todos a parte de mí mismo. También el enemigo y el que, de cualquier modo me perjudica.
            Actualmente, la emigración es un problema global y ocasión de graves dificultades. Culturas ancestrales, visiones cósmicas y religiosas diferentes, a menudo opuestas, hacen del todo necesario volver al espíritu del Evangelio, porque alguien tiene que romper el círculo maléfico de la incomprensión y la intolerancia. Alguien tiene que empezar a poner la otra mejilla, por ejemplo, cuando los cristianos son perseguidos y asesinados en los Estados islámicos.
            El regreso humilde, sincero y sin prejuicios al único Dios, Padre de todos, queda como la única posibilidad eficaz para poder vivir plenamente este segundo mandamiento de amar a los demás como a ti mismo. Como dice Jesús: << Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda el alma, con todo tu ser. Este es el mandamiento más grande y el primero de todos >>. Nuestro mundo necesita una conversión total como la que describe San Pablo de los habitantes de Tesalónica: << Por todas partes hablan de vuestra conversión (...) y como abandonasteis los ídolos y os convertisteis a Dios para adorar sólo al Dios vivo y verdadero >>. 

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Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios (T. ordinario) -29)

           Todo está en las manos de Dios. En el caso de Ciro, rey de Persia, Dios se servició de él para devolver la libertad a los cautivos de Israel, deportados a Babilonia: <<Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro: (…) " Sin que me conocieras, te he hecho tomar las armas para que sepan de oriente a Occidente que no hay otro dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro. Enseguida Ciro publica un edicto decretando la libertad de los deportados, y acepta así que el poder de Dios está por encima de las potestades de este mundo.
            El ciudadano raso está sometido a las potestades terrenales y, por encima de ellas, al poder absoluto de Dios. Su rol consiste en edificar la ciudad terrena, colaborando con el poder legítimo de este mundo, y la ciudad celeste obedeciendo los preceptos del Señor. En caso de conflicto, su deber es obedecer primero a Dios que a los hombres. Manteniendo esta jerarquía de valores, el ciudadano, guiado por su conciencia, observará cuidadosamente la obediencia a Dios y al poder constituido.

            Jesús confirma claramente esta doctrina, cuando le preguntaron si << Es lícito o no pagar impuesto al César>>. Después de haber visto la moneda con el nombre y la figura del César, responde: << Pues pagadle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios >>. La misión de todo ciudadano - particularmente de todo cristiano - no es otra que, obedeciendo su conciencia  bien formada y amorosamente guiada por el Señor, trabajar generosamente con todos los demás ciudadanos para la consecución de un mundo mejor, que sea una estancia digna y cómoda para todos los humanos, y puerto amplio y seguro de salida hacia la ciudad celestial.

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lunes, 6 de octubre de 2014

El banquete del Reino (T. ordinario) - 28)

           El símbolo del banquete es empleado a menudo en la Biblia. Significa el bienestar personal, el placer honesto y espiritual de la convivencia, las ventajas de una relación deseada , serena, positiva; significa el buen resultado de una vida personal y social basada en la práctica del bien.  El Reino de los cielos se parece a un banquete de bodas, por el bienestar y la paz que proporciona, ya ahora. Lo asume Jesús personalmente: << El reino de los cielos se parece a un rey que celebra la boda de sus hijo>>.
            Dios invita a sus elegidos a la fiesta: << Mandó criados para que avisaran a  los convidados a la boda, pero no quisieron ir>>. ¿No nos hace pensar esto en los profetas del Antiguo Testamento y en las llamadas actuales a la nueva evangelización? << Entonces envió a otros que dijeran a los invitados: Ya tengo preparado el banquete, (...) venid a la fiesta. Pero ellos no les hicieron caso >>. Quizá podríamos ver aquí la llamada a los gentiles hacia el monoteísmo, iluminados por la fe del pueblo de Israel, única en su tiempo: Dios insiste: << Dijo a sus hombres: el banquete de boda está preparado, pero los invitados no se lo merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda>>. ¿No será el anuncio del Evangelio por parte de Jesús y de los Apóstoles, y quizás, también, la nueva evangelización? ¿Qué dice la gente de nuestro tiempo?
            Todavía, el Reino de los cielos culmina en la trascendencia, más allá de la vida presente, como lo ve Isaías: <<Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. (...) Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. ( ... ) Aquel día se dirá: aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación>>.
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lunes, 29 de septiembre de 2014

La viña (T. ordinario -27)

           El profeta Isaías describe una parábola preciosa: << Mi amigo tenía una viña. ( ...) La  entrecavó, la descantó, y  plantó buenas cepas. ( ... ) ¿Qué mas cabía hacer por mi viña? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? (...) La viña del Señor de les ejércitos es la casa de Israel, son los hombres de Judá su plantel preferido>>. El pueblo de Israel -exceptuando los Patriarcas, los Profetas, los jueces, algunos Reyes y un pequeño grupo del pueblo raso- resultaron ser una viña borda y estéril, porque se prostituyeron a los dioses paganos y a todo tipo de desenfrenos y de injusticias. Resultado:<< La dejaré abandonada >>.
            Jesús retoma la parábola de Isaías incluyendo pasado, presente y futuro: << Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. (…) Por último les mandó a su hijo.  Pero ellos, al verlo, se dijeron: “Venid, lo matamos y nos  quedamos con su herencia". (...) Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? (...) Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos>>.

            La nueva viña del Señor es la Iglesia y cada uno de nosotros las cepas. Él espera que demos buenas uvas, haciendo nuestra la enseñanza de San Pablo: << Hermanos,  todo lo que es verdad, respetable, justo, limpio, amable, de buena reputación, virtuoso y digno de elogio, tenedlo en cuenta> >. La Iglesia, globalmente considerada, y muchos de sus fieles también, dan frutos de vida eterna y de caridad humana, pero muchos otros de los bautizados siguen las huellas de los idólatras de Israel. ¿Es por eso, tal vez, que la Iglesia florece espléndidamente en algunos lugares, mientras se reduce drásticamente en algunos otros? ¿Cómo llevamos cada uno de nosotros el cultivo de la cepa de nuestra vida interior, dentro de la viña de la Iglesia?

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lunes, 22 de septiembre de 2014

La libertad completa (T. ordinario - 26)

           La libertad total y completa tendría dos caras: el pasado y  el presente, que incluye intención de futuro. Evidentemente, no podemos volver atrás y anular el bien o el mal que hemos decidido hacer, pero tenemos la facultad de ratificar aquella decisión o rechazarla. Por tanto, podemos rehacer nuestro pasado responsable si, revisándolo, nos convertimos y rechazamos todo lo que hay de negativo en nuestra vida. Es la libertad retrospectiva: << Si el malvado se convierte, deja de hacer el mal y obra en justicia y bondad, salvará su       vida >>.
            Actuando en sentido contrario, si hemos obrado el bien, pero nos permitimos degradar nuestra vida y, dejando de hacer el bien, borramos el sentido moral de nuestra vida anterior empezando a hacer el mal, invalidamos nuestro pasado. << Si el justo deja de hacer el bien, comete el mal y muere, morirá por su culpa >>. El camino de la perversión tiene lugar cuando nuestra libertad vuelve atrás, se desdice del bien que ha hecho y comienza a obrar el mal.
            Es, quizá, el sentido profundo de aquella sentencia de Jesús: << Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios, porque vino Juan a vosotros enseñándoos de la justicia y no le creísteis, en cambio los publicanos y las prostitutas  le creyeron. Y aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis>>. Todas aquellas personas han obrado el mal, pero han visto la luz, han conocido la misericordia de Dios y han creído. Ahora, quieren obrar el bien y se sienten acogidos por el amor de Dios.
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martes, 16 de septiembre de 2014

Más allá de la justicia (T. ordinario - 25)

          La gente de nuestro tiempo, especialmente los estamentos oficiales, se llenan la boca de las palabras justicia,  igualdad, bienestar social,  preocupación por los necesitados. Se ha escrito la Carta de los derechos humanos que está muy bien sobre el papel: el derecho a la vida, a la enseñanza, al habitáculo familiar, al trabajo, etc. Pero ninguno de estos derechos  se ha querido o  ha podido asegurar al conjunto de la población, en todo el mundo. Por el contrario, algunos de estos derechos, como el derecho a la vida o a la vivienda, se están impidiendo legalmente. Lo que sí se ha asegurado, de hecho, es la inmensa riqueza de algunos y el poder, incluso bélico, de los Estados.
            A una hipocresía tan universal y clamorosa sólo vemos una solución: la conversión de los explotadores. Como dice el profeta Isaías: << Que el malvado abandone sus caminos, y el criminal sus planes; que regresen al Señor y él tendrá piedad; que vuelvan a nuestro Dios, que es rico en perdón>>. Pensemos todavía, que el perdón y la rehabilitación de los injustos, cuando se traduce en latrocinio camuflado o patente, no se hacen efectivos mientras no se restablezca la justicia y no se devuelva a cada uno lo que es suyo.
            Pero el Evangelio de hoy, nos invita a sobrepasar la justicia y actuar por amor: <<El  reino de los cielos se parece a  un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña >>. Como el hombre estaba preocupado por la suerte de los parados, volvió a salir alrededor del mediodía, a media tarde y una hora antes de ponerse el sol, para enviarlos a trabajar en su viña. Al atardecer, mandó al encargado que pagara a todos un denario. Esto no se lo exigía la justicia, sino el amor: todos igualmente debían alimentar y vestir a sus familias, todos tenían que poner la mesa para sus hijos y familiares, todos tenían que hacer frente a gastos ineludibles. Vean si estamos lejos del Evangelio, cuando hablamos de solidaridad y de bienestar social. 
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lunes, 8 de septiembre de 2014

El perdón (T. ordinario – 24

           El primer movimiento humano, ante una ofensa grave, suele ser: " ojo por ojo y diente por diente". Es una reacción de venganza en un falso intento de restablecer la justicia. Como si dijéramos, hacer justicia en la distribución del mal: " tanto daño me has infligido tanto te haré". Jesús, hijo de Sira, dice: << Es odioso irritarse y guardar rencor, pero el pecador lo hace y no quiere apaciguarse>>. Así lo hizo aquel del Evangelio: << Encontró a uno de sus colegas que le debía algún de dinero, (y no recordando que el rey acababa de perdonarle una gran deuda) lo agarró y le estrangulaba diciéndole: Págame lo que me debes >>.
            El perdón, por el contrario, que es la virtud de los fuertes, nos obliga a la serena reflexión, al dominio de los primeros impulsos y a  poner freno al círculo inacabable del mal. La persona ofendida, si es sensata y responsable, se sabe, ella también, pecadora, y recuerda el dicho bíblico: << Perdona a los demás el daño que te han hecho, y Dios te perdonará los pecados cuando tú ores >>. O aquella otra: << Piensa en la Alianza del Altísimo, y no tendrás en cuenta la ofensa recibida >>.
            Y, si la ofensa se ​​vuelve reiterada y persistente ¿Qué hará el hombre sensato y reflexivo? La respuesta es la de Jesús a Pedro, cuando éste pregunta: “¿Si mi hermano me ofende cuántas veces le tengo  que perdonar? ¿Hasta siete veces?”  Jesús le responde: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete>> Es decir, siempre. Entonces nos pareceremos a Dios, imitando su voluntad infinita de perdón.  ¿Cuántas veces me ha perdonado hasta ahora Dios, y cuántas me tendrá que perdonar todavía? Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
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lunes, 1 de septiembre de 2014

El centinela (T. ordinario -23)

           No hablamos ahora de un espía que está al acecho por curiosidad o por malevolencia, para conocer las trifulcas o las fechorías de alguien. Hablamos del centinela que es el vigilante bien intencionado; preocupado primero por él mismo, que debe evitar dormirse o distraerse de su atención constante, y después, de alguien o algunos otros a quienes debe proteger, para avisarles de cualquier peligro y evitar que les caiga encima algún daño o alguna desgracia.      << Así dice el Señor a Ezequiel: "A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel>>.
            Los centinelas, en la Iglesia, son los pastores; desde el Papa hasta el último  párroco. Dios conmina a Ezequiel, diciendo: << Si yo digo al malvado: eres reo de muerte, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado, (…) el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre>>. Oyendo estas palabras ¿todavía habrá quien se extrañe de que el Papa, los Obispos y los demás predicadores adviertan al mundo de los crímenes que se están cometiendo hoy? También los cristianos laicos pueden y deben advertir con caridad y prudencia a los otros colegas que yerran en su vida moral y marchan por caminos de perdición.

            Y todo esto, por amor al otro. San Pablo escribe: << Hermanos, a nadie le debáis más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley>>.  Si amamos nuestra salud espiritual, es lógico que nos procuremos también de la del otro hasta cumplir el deber, en su caso , de avisarle cuando creemos que ha errado, porque Jesús nos dice : << Ama a los demás como a ti mismo >> 

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lunes, 25 de agosto de 2014

Contradicción (T. ordinario -22)

           A menudo sufrimos los efectos de una vital contradicción. Algunos momentos experimentamos una fuerte atracción hacia el bien y la verdad, nos gusta la virtud, sentimos admiración por las personas virtuosas y quisiéramos sinceramente imitarlas. Quizá, incluso, se acelera nuestro instinto religioso y nos parece estar más cerca de Dios, con infinitas ganas de serle fieles; cuando, de repente, nos sorprende el temor de las consecuencias: la fidelidad a Dios, a la verdad y al bien exigen un esfuerzo constante, una renuncia a costumbres arraigadas y una generosidad a toda prueba. Además, nos discriminan ante la opinión y la estimación de los demás.
            De forma parecida al caso del profeta Jeremías: << Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. ( ... ) Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mi>>. Para superar esta situación, a Jeremías y a nosotros, nos hace falta la acción de la gracia de Dios, que el profeta experimenta de esta manera: << Entonces sentía en mis entrañas un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; intentaba contenerlo y no podía>>.

            En el caso parecido de Jesús, su fidelidad no se tambalea, pero Pedro representa el papel de lo que nos pasa a nosotros: << Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se puso a increparlo: “Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: " Quítate de mis vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios>>. En este caso está en juego la redención de los hombres; en el nuestro, la propia vida verdadera: << Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi la encontrará>>.

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lunes, 18 de agosto de 2014

Más allá – (T. ordinario - 21)

            Nuestra fe, si es vivida intensamente, puede ir más allá de las fórmulas oficiales que usamos para confesarla, porque la implicación de Dios en su creación es infinitamente ancha, profunda e intensa.  Su presencia activa tiene lugar en todas partes y en todo. Dios hace caer imperios y suscita nuevas formas de gobierno: << Te haré caer del pedestal, te derrocaré del lugar que ocupas. Ese día llamaré a mi siervo, Eljaquim (...) y le daré la autoridad que tienes >>
            Ver a Dios en todo y siempre, también en la oscuridad, cuando se da la sensación terca de su ausencia, sería el ideal perfecto de nuestra fe, porque << ¡Que insondables sus decisiones i que irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor?>>. Con todo, hay algo que parece irrefutable: << Todo viene de él, pasa por él y se encamina hacia él >>. Entonces, el itinerario de todas las criaturas, desde el inicio hasta el final, está siempre a la presencia de Dios y camina bajo su guía.
            Lo mismo ocurre con los misterios del dogma, por ejemplo en la Encarnación. Jesús es más de lo que puede entender la gente: << Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o algún otro de los profetas >>. Jesús es aquel a quien sólo Dios puede entender y lo revela a quien él quiere, como le ocurre a Pedro: << Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo >>. Responde Jesús a Pedro. << Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo >>. La fe total y verdadera sólo puede ser una revelación de Dios, hecha a su criatura racional.
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lunes, 11 de agosto de 2014

Que todos sean uno (T. ordinario - 20)

           La unidad viene de Dios. Unidad en la Trinidad: << Un solo Señor, (...) Un solo Dios y Padre. ( ... ) Llamados a formar un solo cuerpo en un mismo Espíritu: << Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti >>. La diversidad viene de la naturaleza múltiple y también espléndida, en la unidad cósmica. Las diferencias hostiles y exclusivas las creamos nosotros: razas, etnias, lenguas, culturas, religiones, nacionalismos.
            La Historia de la salvación es unionista y unificadora. Escuchamos a Isaías: << Los extranjeros que se han adherido al Señor, que se ponen a su servicio por amor de su nombre y quieren ser sus servidores los dejaré entrar en la montaña sagrada y celebrar sus fiestas en mi casa de oración; (...) que, para todos los pueblos, se llamará mi templo casa de oración>> San Pablo se dedica intensamente a evangelizar a los gentiles, << esperando que los judíos, que son de mi linaje, estarán celosos y podré salvar algunos de ellos>>. Él aspira a hacer de los dos pueblos - judío y griego- uno solo, el pueblo de Dios

            Y la gran lección del Maestro, cuando se retiró a la región de Tiro y de Sidón: << Salió de allí una mujer cananea gritando: << Señor, hijo de David, ten compasión de mí: mi hija está endemoniada > >. Ella no es hebrea. Jesús le dice: << Sólo me han enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. (…) No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los cachorros >>. Jesús quiere introducir el concepto nuevo de la unidad y la salvación universal, y tiene que ir con precaución, teniendo en cuenta los espectadores, y espera la reacción tenaz de la mujer, que le contesta: << Es verdad, Señor, pero también los cachorros comen las migajas que caen de la mesa de los amos. (...) Mujer, que grande es tu fe -le respondió Jesús: Que se cumpla lo que deseas>>. Jesús lo deja claro, no se trata de la procedencia, ni de la etnia, ni de la tradición religiosa, sino de la disposición del corazón. Todas las buenas voluntades entran a formar parte del Reino de los cielos.

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Total perfección (Asunción de la Virgen)

           La obra de Dios es perfecta: Si la obra es material, contiene toda la perfección que puede suportar la materia. Terminada la creación, << vio Dios todo lo que había hecho  y era muy bueno >>. Cuando la obra de Dios es espiritual y se realiza en un ser libre, puede alcanzar una perfección casi infinita. Sólo es necesario que el sujeto receptor colabore libremente: consintiendo, asumiendo el don sin restricciones y participando activamente en la realización progresiva del plan de Dios.
            Es el caso de Santa María, ella aceptó y se abrió generosamente al mensaje divino:     << Que se haga en mí según tu palabra>>. La divina Encarnación tuvo lugar, y los efectos maravillosos se  hicieron perceptibles a la misma Virgen: << Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. (…) Desde ahora me felicitarán todas las generaciones  (...) porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en mi>>. También Isabel percibió la magnificencia de la obra de Dios en María: <<En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre>>.
            El fruto de aquella obra se culmina felizmente con la Asunción de María al cielo: << Se abrió el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza>>. El arca de la alianza era María. Pero hay aún otro testigo más claro: << Apareció otra señal en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas>>. Nuestra perfección también será obra de Dios, si se da, porque es necesario, nuestro consentimiento y nuestra colaboración asidua a la pedagogía divina.
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lunes, 4 de agosto de 2014

La ausencia (T. ordinario -19)

           << En aquellos días, Elías llegó a Horeb, el monte de Dios, y pasó la noche en una cueva>>. En la soledad, el profeta tuvo la sensación de la ausencia de Dios. Aquella ausencia venía de lejos: de la larga travesía del desierto. El creyente pasa también por la misma prueba: se siente como si Dios no existiera o como si se hubiera alejado demasiado. No encuentra respuesta a sus oraciones, ni vislumbra un poco de luz en el horizonte, o de consuelo, o de presencia interior.
            Aquella ausencia, a veces bastante larga, llega a su fin: << El Señor le dijo (a Elías): "Sal y ponte de pie en el monte ante Señor. El Señor va a pasar>>. Elías no percibió a Dios en el ruido del vendaval, ni en el estruendo del terremoto, ni tampoco en el ardor asfixiante del fuego, sino en la caricia de una brisa tenue. Tampoco nosotros  lo encontraremos en la huida hacia afuera, en el activismo desproporcionado o en la alborozo de los sentimientos, sino en la serenidad paciente de nuestro interior.

            El Evangelio nos lleva a la misma conclusión. << Jesús obligó a sus discípulos a subir  en seguida a la barca y  a adelantársele hacia la otra orilla, mientras él despedía la gente>>. Navegaron solos y, ya lejos de la costa, no podían avanzar, << porque el viento les era contrario>>. El sentimiento de sentirse abandonados por parte de Jesús golpeó los corazones de cada uno de ellos. <<Pasadas las tres de la madrugada, Jesús fue caminando sobre el agua. (...) Jesús les dijo: " Animo, soy yo, no tengáis miedo>>.  Así terminan siempre las crisis de ausencia para quienes esperan con fe, serenidad y paciencia.

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lunes, 28 de julio de 2014

Dar a fondo perdido (T. ordinario - 18)

           Deben ser muy pocos los que se cierran del todo y no dan nunca nada a nadie.
 Pero, en general nos gusta que, cuando damos, podamos esperar alguna recompensa: la consolidación de una amistad, que nos hagan algún servicio, que nos lo agradezcan sinceramente, que se nos tenga por personas sensibles y generosas  o, por lo menos, esperamos una tranquilidad de conciencia y un acrecentamiento de la autoestima .
            ¿No nos gustaría parecernos un poco Dios  también en esto, aprendiendo a dar y a darnos,  sin intención de sacar ningún provecho ni económico ni psicológico? Leemos en Isaías: << Esto dice el Señor: Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ( ... ) Inclinad el oído, venid a mi; escuchadme y viviréis>>. Si lo intentáramos, seríamos imitadores de Dios que, a nosotros, nos da gratis todo lo que tenemos de material y espiritual, de temporal y eterno.

            Además, esta actuación acreditaría en nosotros la virtud de la compasión por los necesitados y marginados, como lo hizo Jesús: << Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos>>. No contento con esto, dijo a los apóstoles que querían despedirlos para que fueran a comprar comida: << No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer>>. De los cinco panes y los dos peces bendecidos por Jesús y distribuidos por los apóstoles, << Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras>>. Si el corazón de los creyentes fuera compasivo como el de Jesús, quizás sobraría de todo para las necesidades del mundo entero.

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lunes, 21 de julio de 2014

Todo a una carta (T. ordinario -17)

           ¿Conocemos algo por lo que valga la pena dejarlo todo? Hay gente que lo hace: Un amor, un ideal, un proyecto. La ocasión ocurre cuando se debe tomar una decisión drástica en la vida: << El Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: " Pídeme lo que quieras>>. Salomón pidió una sola cosa: sabiduría para saber discernir el bien del mal, y así, poder hacer justicia al pueblo de Dios. << Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: << Te doy un corazón sabio e inteligente, como  no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti>>.
            San Pablo cree que hay una sola cosa por la que vale la pena vivir, aunque, a cambio se tenga que dejar de lado todo lo demás: amar a Dios en Jesucristo. Porque << sabemos que a  los que aman a Dios todo les sirve para el bien. ( ... ) A los que había escogido Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo (…) A los que predestinó, los llamó; a los que llamó los justificó; a los que justificó, les glorificó>> .
            En cuanto a esto, Jesús es aún más claro: <<Jesús dijo a la gente: " El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra, lo vuelve a esconder y  lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo>>. Sabemos de gente que, en plena juventud, se ha desprendido de una vida mundana muy prometedora  según el criterio humano, y se ha encerrado en un cenobio de vida contemplativa, o se ha dado de por vida al servicio de los más pobres, por amor a Dios. ¿Somos capaces nosotros de dejar tantas futilidades como servimos, para jugárnoslo todo a una sola carta que es el tesoro escondido, el Reino de Dios?
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