<< Cuando se cumplió el
tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer (…) para rescatar a los que
estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción>>.
He aquí una manera radical de integrarse en la condición humana: nada de una
aparición celestial como si fuera un ángel o la reincarnación de un profeta.
Nacido de una mujer, como todos los humanos. Y le pusieron un nombre, - Jesús-
como a todos los niños. Y lo consagraron a Dios, como a todos los primogénitos
hebreos.
<< Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí>>.
Todas las generaciones lo han cumplido. Porque las maravillas fueron realmente
grandes: el Señor volvió hacia ella su mirada y la eligió.Le dio la opción de adherirse
libre y voluntariamente al proyecto de renovación (recreación) de la humanidad,
y ella se avino y se ofreció sin condiciones a llevar a cabo la sublime
misión que Dios le proponía.
Ella dio al Hijo de
Dios la maternidad humana, le abrió un hogar, le proporcionó el crecimiento
biológico, su dimensión humana y la formación intelectual y espiritual,
común a todos los niños hebreos. Después aceptó la vocación de Mesías de Jesús
y asumió la condición de víctima de Jesús, así como su ministerio de
predicador del Reino, que tenía por objeto revelar la paternidad universal de
Dios y la condición de hijos, que era ofrecida a todos los hombres, junto con
el perdón de los pecados. Por todas estas razones María es la más bendita entre
todas las mujeres, la corredentora de la humanidad y la madre espiritual de todos los hombres. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
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