Presentación

Presentación
Mosén Enric Prat presenta estas nuevas Homilías, totalmente diferentes de las ya conocidas (www.bisbaturgell.org - homilias dominicales). Son diferentes en el contenido, en el estilo y en la extensión. Cada Homilía contiene una sola idea, la expresada en el título. La breve argumentación se basa casi únicamente en los textos litúrgicos del día. Creemos que estas homilías pueden facilitar a cada interesado la preparación de la suya propia; o como guión de un comentario más espontáneo. La mejor utilización, sin embargo, la encontrará cada usuario interesado. Posiblemente, otras personas además de los predicadores, encontrarán en estos escritos la ocasión de profundizar en el sentido íntimo de la Palabra de Dios en la Liturgia, y de saborear el consuelo espiritual que nos ofrece. Sea todo ello para alabanza de Dios y a beneficio espiritual y humano de cuantos quieran hacer uso de este medio. Muchas gracias.
Terminada la publicación en este BLOG de las NUEVAS HOMLIAS, me atrevo a proponer a los amables usuarios una nueva Etiqueta: EL RINCON DE LA MISTICA. La mística, no en su vertiente de hechos extraordinarios, como el éxtasis, la levitación, las locuciones o las visiones, sino como alternativa a la ascética, con la atención puesta en las obras de San Juan de la Cruz y en el autor anónimo del libro lA NUBE dEL NO SABER. La ascética se basa en el razonamiento, el esfuerzo y el protagonismo personal. La mística abandona todo protagonismo personal para atribuirlo sólo a Dios, de acuerdo con lo que recomienda el Salmo 36: Encomienda al Señor tus caminos; confía en él, déjalo hacer. O respondiendo a la oferta de Ap.3,20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. El místico recibe, por medio de la iluminación que le es dada, una noticia nueva de la naturaleza de Dios, que es oscura e inexplicable. Los autores la llaman docta ignorancia o rayo de tiniebla. Este trabajo, que ha sido publicado en la revista l’Església d’Urgell y con una buena aceptación por parte de muchos lectores, puede ser útil para la lectura y meditación particular, y también como herramienta de trabajo para grupos de oración, de formación espiritual o de catequistas. Gracias!

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lunes, 14 de noviembre de 2016

El reino de Jesús (Tiempo ordinario- 34 - Cristo Rey)

           El pueblo de Israel era un reino desde Saúl, que no agradaba a Dios. Le sucedió  David, a quien el Señor dijo: "Tú serás el pastor de mi pueblo de Israel, tú serás el jefe de Israel. Todos los ancianos de Israel fueron a Hebron a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto, en presencia del Señor>>.
           Jesús, humanamente descendiente de David, heredó su reino y recibió la misión de apacentar (espiritualmente) a Israel. El encargo de apacentar a Israel que había recibido Jesús, por voluntad del Padre, abarca  a todo el mundo, como lo dice San Pablo a los Corintios: <<Demos gracias al Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.  Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, y el perdón de los pecados>>. Ahora, pues, por voluntad de Dios, Jesús es el Rey universal de todos los pueblos, con el encargo de apacentarlos hasta la salvación final.

           La dignidad real de Jesús era reconocida públicamente en Israel, en su tiempo. Pilato preguntó a Jesús, sobre esta cuestión que conocía todo el mundo, y él respondió: << Sí, yo soy rey, pero mi Reino no es de este mundo >>. Los soldados que custodiaban al crucificado también lo sabían: << ¿No eres rey de los judíos? Sálvate a ti mismo y a nosotros>>. Su realeza fue el motivo de la condena: << Sobre él había un rótulo que decía: "el rey de los judíos >>. Uno de los ladrones crucificados con Jesús, decía: << Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino>>. Jesús le respondió: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso >>. Un veredicto público y solemne en el ejercicio de su potestad real.

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lunes, 7 de noviembre de 2016

El final (Durante el año - 33)

            Los estudiosos del cosmos saben que nuestro pequeño planeta vendrá un día en que no podrá soportar la vida; incluso, que todo él se puede desintegrar. También está de acuerdo el sentido común. Sería igualmente correcto aceptar que la suerte de los seres conscientes y responsables no será la misma. Leemos en el profeta Malaquías:   <<Malvados y perversos serán la paja. (...)Y  no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará u sol de justicia que lleva la salud en las alas>>.
           Cuando preguntaron a Jesús: << ¿Maestro, cuando va a será eso? ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? >>, Jesús se escapa por la tangente, dando como señales del fin: guerras, revueltas, terremotos, hambres y pestes, cosas espantosas y señales de amenaza en el cielo. Todas estas señales se han dado siempre y siguen en la actualidad. La verdad es lo que Jesús dijo en otra ocasión: << El día y la hora sólo los sabe el Padre >>.

           La profecía más importante de Jesús al respecto se cumple rigurosamente a lo largo de todos los siglos: Antes de todo eso os echarán la mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía. (...) Os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero,  ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. >>. Nuestra mejor actitud de espera, según la palabra de Jesús, es llevar su nombre, venerar su nombre, vivir unidos a él por la fe y el amor, rechazar las ofertas falsas de salvación y abandonarnos a la voluntad del Padre. Vivir siempre con un talante de vida normal de acuerdo con la recomendación de San Pablo: << Que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan>>.

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Nuestro cuerpo (Tiempo ordinario -32)

           Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre nuestro cuerpo: Primero los niños macabeos que ofrecen sus cuerpos al verdugo para no desobedecer la ley de Moisés, y después, cuando en el Evangelio, Jesús nos dice, que en el Reino, los justos serán como los ángeles de Dios. El ser humano es muy complejo. Yo no soy el cuerpo, pero yo tengo un cuerpo; este cuerpo que tengo es mi cuerpo. El sujeto a quien se atribuye el cuerpo, es algo muy profundo, es el ser íntimo que llamamos el yo, un yo muy concreto envuelto de una áurea espiritual, que toma espontáneamente la responsabilidad de conducir el ser que somos, y todos sus actos. La responsabilidad de un acto bueno o malo que lleva a cabo el cuerpo, no se atribuye a él, sino al yo profundo. Así, pues, el cuerpo no es el yo, pero forma parte de él.
           No es verdad, por tanto, que el cuerpo sea prisión material del alma, o que sea algo malo. Al contrario, alma y cuerpo, estrechamente unidos, conforman la unidad de la persona y están destinados a una misma suerte. Lo debía tener claro aquel niño macabeo, cuando dijo: << Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna >>. El verdugo podía profanar y aniquilar el cuerpo de aquel niño, pero, en modo alguno, tenía acceso a poder hacer daño a la persona.

           Podríamos decir que el cuerpo es el sostén, ahora, del ser espiritual que somos, mientras que no tenemos claro que será de él en el mundo que vendrá. Como dice Jesús: << En esta vida, hombres y las mujeres se casan.; pero los que sean juzgados dignos de la vida eterna y de la resurrección entre los muertos no se casarán., pues ya   no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan de su resurrección>>.Valoremos, pues,  nuestro cuerpo, tengamos cuidado de su salud y eduquémosle, para que sea un buen colaborador de nuestra alma.

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sábado, 29 de octubre de 2016

La montaña del Señor (Todos los Santos)

           Simbólicamente, la montaña del Señor es el lugar de encuentro de los hijos con el Padre, de la humanidad con Dios. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? Entonces, no todo el mundo será digno de subir al monte del Señor, de acceder al encuentro de la gloria. Muchos, sin embargo, ya han llegado: << Una muchedumbre inmensa que nadie podría contar >>. ¿Quiénes son aquellos bienaventurados?  << El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos>>.
            El corazón sincero es aquel que no tiene intenciones torcidas, aquel que se envuelve en la verdad, y que, por encima de cualquier interés personal, hace que prevalezca siempre el honor y la gloria de Dios, el triunfo de la verdad, de la justicia y del bien, así como el beneficio a favor de los hermanos. El corazón sincero es un mundo interior equilibrado que ejerce vigilancia amorosa sobre la imaginación, los sentidos y los sentimientos, para que todo se dirija a la meta final.

            Así como, el “de corazón sincero” se refiere al mundo interior de la persona (pensamientos, intenciones, deseos), “de manos inocentes”, significan las obras que nacen de aquel corazón sincero: el desprendimiento, por la pobreza de espíritu; la humildad, por la valoración auténtica de sí mismo; el esfuerzo sin tregua, para ser justo; la compasión hacia todo error y todo sufrimiento; la diligencia en  mantener el corazón libre de toda afección desordenada; por la opción activa en favor de la paz. Mención especial merece la disposición amorosa a sufrir persecución por causa de Jesús:           << Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos>>. Es este nuestro camino para llegar a formar parte de aquella multitud incontable de la visión de San Juan.

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lunes, 24 de octubre de 2016

La inmensidad, la piedad y el amor de Dios (Tiempo ordinario- 31)

            A veces hablamos de la inmensidad del universo (miles de millones de años luz de distancia entre puntos distintos). Pero, mirad qué leemos en el libro de la Sabiduría: << Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra>>. Dios es inmenso en todos los sentidos, es decir, en todas las dimensiones posibles. Razón por la que podemos leer en el mismo libro de la Sabiduría: <<Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierra los ojos de los hombres, para que se arrepientan>>.
            La piedad de Dios es pareja a su inmensidad: <<Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras adiado alguna cosa, no la habrías creado>>. Su piedad para con los hombres es de siempre, empezando por los primeros padres y siguiendo con el pueblo de Israel, durante toda su historia. Como reconoce el libro de la Sabiduría: <<Corriges poco a poco los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti>>.

            La fuente de la piedad de Dios con los hombres es su amor, igualmente inmenso. Cuando Dios se hizo presente entre nosotros por la persona de Jesús, puso de manifiesto inequívocamente su amor, que se manifestó en piedad universal con todos aquellos que se acercaron para obtener el perdón: << Un hombre llamado Zaqueo (…) corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar al sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". El bajó enseguida y lo recibió muy contento >>. Vemos claro quién tenía más necesidad de ese encuentro, pero no sabemos quién tenía más deseo.  << Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis  bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más". Jesús dijo: "Hoy ha sido la salvación de esta casa >>. Providencialmente, se encontraron el arrepentimiento del pecador, la piedad y el amor de Dios y su perdón.

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lunes, 17 de octubre de 2016

Más allá de la norma (Tiempo ordinario - 30)

           Cumplir las normas, los preceptos, las leyes, los mandamientos, no sólo es excelente, sino también digno de toda alabanza; pero, ante Dios, no sólo es insuficiente, sino que, para muchos, puede derivar en un estricto moralismo, en defecto de la fuerza insustituible del amor, que se traduce en el don generoso de sí mismo; muchas veces a favor de los más desfavorecidos. En estos casos se encuentra a faltar el empuje de San Pablo cuando escribe: << Yo estoy a punto de ser sacrificado>>.
            En el libro del Eclesiástico, leemos: << El Señor es justo, que no puede ser parcial;  no es parcial contra el  pobre. (...) Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan>>. Tal vez esto era lo que le faltaba al fariseo, cumplidor estricto de la ley, que se envanece diciendo: << Ayuno dos veces por semana y pago el diezmote todo lo que tengo>>. ¿Por qué este hombre no volvió perdonado a su casa? La excesiva satisfacción de sí mismo y el olvido de los otros podía ser la causa.

            El cobrador de impuestos que también debía cumplir, al menos en parte, la ley de Moisés, se encontraba mal, insatisfecho de sí mismo, un pobre pecador. La causa de su malestar no parece ser la escasa fidelidad a la ley. Más bien se dolía de las injusticias cometidas en el ejercicio de su condición de cobrador de impuestos. El dardo envenenado que le causaba tanto dolor venía del daño causado al otro, de la injusticia cometida, de la falta de altruismo y de amor en relación a los otros y, por consecuencia, también a Dios. Por ello: << No se atrevía n i a  levantar los ojos al cielo; solo se golpeaba el pecho, diciendo: "! Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que éste bajó a su casa justificado>>, termina San Lucas.

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lunes, 10 de octubre de 2016

Orar siempre (Tiempo ordinario - 29)

            Es Jesús quien hace pedagogía  con sus discípulos y les instruye por medio de una parábola, para enseñarles <<Como tenían que orar siempre sin desanimarse>>. Esto que parece imposible, no lo es; porque orar es estar con el Señor, compartir con él nuestro tiempo y nuestra intimidad, y abrirnos a la comunicación interior. O como enseña Santa teresa: <<Oración es hablar de amor con quien sabemos que nos ama>>. Entendida así, la oración se convierte en hábito natural y espontáneo, porque consiste en la atención profunda de nuestro ser (no obstante las distracciones) a la presencia mística del Amado de nuestra alma.
            El hábito de la oración mística, más que una súplica constante, es una aproximación al fondo de uno mismo, que es el lugar donde nos encontramos con el Señor, para hacerlo habitable a su presencia. Es un esfuerzo para purificar los deseos y las intenciones torcidas, al tiempo que trata de limpiar nuestro corazón de impurezas morales y de apegos perniciosos.

            El hábito de la oración mística, además, ensancha infinitamente los horizontes. Rompe las barreras de nuestras necesidades personales que solemos llevar siempre a la oración, para abrirlos primeramente a la alabanza de Dios: << Santificado sea tu  nombre >>. Después nos enseña a abrirnos al otro, a los otros; y nuestra oración se convierte en un clamor a favor de todos los hombres, de la Iglesia y del mundo entero, para que << Venga a nosotros tu Reino>>.

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lunes, 3 de octubre de 2016

El don de la vida (Tiempo ordinario -28)

            La vida es un don. Nadie la ha pedido,  ni ha hecho algo para obtenerla o para merecerla. Nos ha sido dada gratuitamente sin ninguna condición. El que es la Vida nos la ha confiado como sostén de otros dones que iremos recibiendo -también gratuitos- progresivamente. La vida, pues, es un don absoluto; es como la matriz de todo lo que tenemos que llegar a ser. El Dador de nuestra vida es también quien la mantiene, la protege y la defensa: << Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como  había ordenado Eliseo>>, el hombre de Dios. Él, que era leproso, quedó curado de golpe: << Su carne quedó  limpia de la lepra, como la de un niño>>. Dios había actuado restituyendo su salud.
            Leemos en el Evangelio de Lucas: <<Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se parapetaron a lo lejos y a  gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros>>. Allí, otra vez, Dios, por la palabra de Jesús, como antes lo había hecho por la palabra del profeta Eliseo, se manifestó como Fuente y sanador de la vida.

            El leproso Naamán reconoció a continuación al Dios de Israel como el único autor de su salud recobrada. Dijo a Eliseo. << Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel>>. Y lo agradeció con un cambio de vida radical: << En adelante tu servidor no ofrecerá  holocaustos ni sacrificios a otros dioses, fuera del Señor >>. Por su parte uno de los diez leprosos << Se volvió atrás alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias>>. ¿Somos así de agradecidos y adoradores de Dios en cuanto a nuestra vida y la conservación de nuestra salud?

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lunes, 26 de septiembre de 2016

Danos más fe (Tiempo ordinario- 27)

             Hay una fe elemental: creer en Dios (Dios es, Dios existe), y aceptar los dogmas propuestos por la Iglesia y compactados en el Credo. La fe de mucha gente no llega más allá de eso. Debía ser la fe de los apóstoles, cuando pidieron a Jesús: << Auméntanos la fe>>. Los dogmas quieren ser un intento de explicación de los misterios del Dios inexplicable, porque, cuando nos preguntamos cómo es Dios, cómo gobierna el mundo, cómo se hace presente en la vida individual, cómo actúa ante el mal que oprime el mundo y la vida los hombres, irrumpe en nuestra mente un rayo de tiniebla, que nos deja desconcertados. ¿Qué diremos del silencio de Dios ante calamidades apocalípticas, ante crímenes espantosos, ante la oración (aparentemente no respuesta) de los creyentes? Hemos leído en el profeta Habacuc: << ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves? >>. Ver a Dios actuando positivamente ante semejante tiniebla es el núcleo de la fe.
            Quizás, la fe de más, que piden los apóstoles, va en este sentido. Fiarse de Dios absolutamente, siempre. Envolverse en la tiniebla del no saber, podría ser el plus de fe que los apóstoles piden, sin saberlo: << El señor les dijo: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esta  morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar". Y os obedecería >>.
            El buen creyente, se sabe de corazón un esclavo, un servidor, un hijo indefenso: Dice el Evangelio de Lucas << Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer> >.

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lunes, 19 de septiembre de 2016

El abismo (Tiempo ordinario- 26)

           El abismo existente, ahora y aquí, y en todo el planeta, entre personas escandalosamente ricas y los hambrientos; entre continentes, entre norte y sur y entre naciones, está a la vista y en la mente de todos. Nada nuevo. Dice el profeta Amós:
<<Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo. (…) Bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos >>. O aquella otra cita del Evangelio: << Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fino, y banqueteaba espléndidamente cada día>>.
            Nuestros ricos de ahora viven en grandes mansiones, equipadas con un lujo y un servicio de seguridad inverosímiles, donde celebran fiestas y / o orgías escandalosas. Sus servicios de transporte y de recreo son todos de alto standing y de precios alucinantes. El coste de sus viajes turísticos por todo el mundo es millonario. Sus relaciones sociales se dan siempre con gente del mismo rango, mientras su pensamiento se aleja expresamente de la masa social hambrienta.
            Sigue el Evangelio:<< Y un mendigo, llamado Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico>>. Es el paradigma de nuestros pobres: países enteros en la miseria, que han sido expoliados por los colonizadores, en vez de ser promovidos culturalmente para el crecimiento de sus bienes legítimos; y ahora yacen agotados, sino muertos, en las fronteras de sus explotadores, mendigando las migajas que caen de sus mesas sobre abundantes.
            Sigue el Evangelio: <<  Sucedió que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos>>, pidió auxilio a Abraham y no le fue concedido. << Abraham le contestó: "Entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar desde ahí hacia nosotros>>. Después de la muerte, ha prescrito el tiempo de ajustar las propias cuentas. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros, mientras vivimos, para nivelar el abismo que nos separa de los pobres?
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lunes, 12 de septiembre de 2016

El administrador (Tiempo ordinario-25)

            Los bienes de la tierra, las riquezas, en sí mismas, no tienen calificación moral. El rico, por el hecho de serlo, no es ni bueno ni malo. Lo que hace que haya ricos buenos y ricos malos, es por razón del maridaje entre él y sus bienes. Escuchamos al profeta Amós:   << Escuchad esto,  los que exprimís al pobre: Disminuis la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias. Jura el Señor por la gloria de  Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones>>.
            Poseer bienes mal adquiridos por robo, por estafa, por explotación del pobre, por cualquier medio inmoral, hace malo al sujeto debido a la injusticia, y del ultraje a sus semejantes: <<Con un par de sandalias compraremos un pobre>>, piensan; y podrían añadir: "Con una pequeña estafa a cada uno de miles de subordinados multiplicaremos nuestra riqueza". Hay también la administración posterior de la riqueza. Amontonar, guardar, competir por ser el más rico, gastar todo para sí mismo, con intención egoísta y hedonista, sin ninguna proyección social humanitaria, conforma la estampa del rico malo. Escuchemos otra vez el profeta Amós: << El señor lo jura por la gloria de Jacob: "Nunca olvidaré todo esto que hacen". O lo dicho por Jesús: << Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso al segundo>>.
            Existe también el rico bueno. Es aquel que sabe que los bienes de la tierra son para el sostenimiento de todos los hombres, de tal manera, que no falte a nadie lo necesario para una vida humana digna. El rico bueno hace rendir intereses a sus bienes a favor de la comunidad: en forma de creación de trabajo, de formación profesional y por muchos otros ingenios. El rico bueno colabora espléndidamente en necesidades puntuales y en favor de organizaciones humanitarias. El rico bueno cultiva su vida interior apostando por valores eternos. <<El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar>>.
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lunes, 5 de septiembre de 2016

Perversión (Tiempo ordinario- 24)

            Pervertirse es desviarse de la rectitud moral. Como lo hizo el pueblo hebreo, mientras Moisés estaba en la montaña: << El Señor dijo a Moisés: "Anda, baja del monte que se ha pervertido tu pueblo. (...) Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado>>. El panorama moral de nuestro viejo continente se le parece mucho. Hace medio siglo, nuestro pueblo era mayoritariamente practicante de la religión católica: Misa dominical, sacramentos, mes de María, novenas, oraciones, cuidado espiritual de los moribundos y aspiración a una vida moral correcta. ¿Qué le ha pasado a nuestro pueblo, en los últimos años, porque mayoritariamente se haya pervertido, abandonando al Dios de sus padres y se haya hecho su becerro de oro?
            En el Evangelio hemos escuchado: << Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. (...) El hijo menor, juntando todo los suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente>>. Ni los hebreos habrían abandonado a Dios, ni aquel hijo a su padre si los hubieran conocido de verdad. Unos y otro llevaban una vida familiar rutinaria y anodina, sin haber amado nunca a Dios ni al padre. En vez del amor filial, habían vivido sólo la ley del temor.

            El pueblo hebreo destruyó su ídolo y el hijo pródigo, volviendo a casa, confesó: << Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo >>. ¿Cuándo volverá a Dios nuestro pueblo, abatido bajo el peso de la culpa y del fracaso? Sólo cuando se dé cuenta de su error y se acuerde de la bondad de Dios y de su voluntad infinita de perdón. << Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo>>. Digamos también  nosotros: << Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado>>.

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lunes, 29 de agosto de 2016

Necesidad de reflexión (Tiempo ordinario-23)

           De que tenemos necesidad de reflexionar estamos convencidos, pero ¿tenemos tiempo para hacerlo? ¿Nos sentimos bastante libres, relajados, imparciales, para hacerlo adecuadamente? ¿Tenemos suficiente empuje para abordar cuestiones sustanciales y trascendentes y suficiente capacidad, en estos temas, para llegar a conclusiones firmes y verídicas? <<Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo?>>.
            Existe una capacidad de sabia reflexión que no viene de nosotros; aquella que nos abre la puerta al conocimiento de Dios para vislumbrar su voluntad: << ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu des del cielo? Sólo así fueron  rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó>>.
            La reflexión que nos lleva a querer seguir a Jesús y sus caminos debe ser cuidadosa, sincera y convincente para no fracasar: << Así, ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre,  no se  sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla. No sea que si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran. (…) Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no pude ser discípulo mío>>. Es decir, escogerle a él y amarlo de tal modo que nadie ni nada nos pueda impedir seguirlo. Que el Espíritu Santo que viene de las alturas nos lo facilite.

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lunes, 22 de agosto de 2016

Los primeros lugares (Tiempo ordinario- 22)

            Normalmente nos gustan los primeros lugares: en la mesa, en las tertulias, en las reuniones serias, en las competiciones deportivas, en todas partes. ¿Qué es eso: vanidad, orgullo, mezquindad, o todo a la vez? Quizás timidez oculta, falta de seguridad o inflación de auto estima. Porque la verdad es que somos uno de tantos: mejores en algunos aspectos, peores en otros y quizás, quien más necesidad tiene de exhibirse, más carencias sufre. ¿De qué valores podemos vanagloriarnos: de la inteligencia,  de la fuerza, de la astucia, de la riqueza? Esta última, es quizás la más ridícula, porque uno muy rico puede ser el más pobre en muchos otros aspectos.
            La palabra de Dios nos iluminará: << Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzaras el favor de Dios>>. La sencillez y la humildad atraen la mirada y la estimación no sólo los hombres, sino también de Dios: << Porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes>>.

            El gran maestro de la humildad es Jesús: <<Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal,  no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os ha convidado a ti y al otro y te dirá: "Amigo, sube más arriba". Entonces, quedarás muy bien ante todos los comensales  porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado >>. A continuación Jesús nos enseña donde se encuentran los verdaderos valores y cuáles son las personas con las que deberíamos compartir la mesa y la amistad: << Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos i ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos >>.

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martes, 16 de agosto de 2016

La puerta estrecha (Tiempo ordinario- 21)

            La puerta es el lugar por donde queremos iniciar el itinerario de nuestra vida. La entrada por la puerta se hace por una decisión libre de la voluntad, porque se nos ha dado encaminar la vida hacia donde queramos. La puerta estrecha tiene límites: unos montantes y un dintel; y nos lleva a un camino estrecho. La estrechez de la que hablamos se refiere al comportamiento ético y moral, que los americanos resumirían en la ley y el orden. Nosotros sabemos que esta estrechez viene marcada por la ley natural, que viene de Dios y por las leyes positivas que nos ha dado la Iglesia o el Estado, así como por la experiencia de generaciones pasadas. Señalar en todo momento la buena dirección, es tarea de la conciencia de cada uno. El objetivo del proceso es librarnos del mal, asegurarnos la práctica del bien y conducirnos a un final feliz de nuestro viaje. De ahí la urgencia del aviso de Jesús: <<Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán>>. Porque ellos rechazan de corazón toda limitación y estrechez.
            Son los que han querido entrar por la puerta ancha e ir por el camino ancho: No quieren leyes que limiten sus pretensiones, y aquellas leyes que no pueden negar quieren adaptarlas a sus gustos y caprichos. Dicen que las normas sólo sirven para reprimir. Prefieren manga ancha e ir siempre por donde les apetece. No se dan cuenta de que también las autopistas incluyen normas de circulación y que los peligros de no obedecerlas pueden tener consecuencias mortales. La manga ancha incluye amarguras y frustraciones inesperadas.

            Lo que hacemos de nuestra vida es en definitiva lo que contará. Al llegar al término, dirán: << Señor, ábrenos. Él les responderá: No sé quiénes sois. Alejaos de  mi, malvados>>. El camino estrecho ha propiciado una vida placentera y ha llevado a un final feliz. El camino ancho ha significado una vida de sobresaltos y desesperanzas para terminar en un vacío sin sentido.

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lunes, 8 de agosto de 2016

Personalidades testimoniales (Tiempo ordinario - 20)

            Hay en la historia personalidades que han dejado un rastro imborrable. Unos han sido positivos, marcando un itinerario de verdad y de bien, que ha llevado a la humanidad a lograr cambios irreversibles en el comportamiento de los pueblos y de toda la humanidad; y otros, con su rastro de falsedad y de maldad, han propiciado el atasco o el retroceso, en la vida de aquellos que han sufrido su influencia. Ninguna de esas personalidades ha restado indiferente para la gente de su tiempo. Todo el mundo se ha definido ante aquellas personas, o a favor o en contra. Los personajes de la verdad y del bien se han mantenido fieles a su programa, y ​​algunos han dado la vida por defenderlo. Los otros han masticado finalmente su fracaso, y han decepcionado a sus seguidores.
            Al profeta Jeremías, que reprochaba al pueblo su malvivir, los contrarios le habían decretado la muerte. << ¡Muera ese Jeremías! >> -dijeron entre ellos. El rey no supo defenderlo y les dijo: <<Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros (...) Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en e aljibe de Malaquías, príncipe real. (...) Jeremías se hundió en el lodo>>. Pero Dios, valiéndose de Abdemèlec, un hombre del palacio real, lo liberó. Así, Jeremías se convirtió en uno de los grandes personajes que favoreció el progreso espiritual y humano de Israel.
            El gran personaje de la historia, sin embargo, es Jesús. Él ha venido a cambiar las cosas: a sacar los corazones de la modorra, del conformismo, de la falsedad, de la maldad. Él mismo afirma: << He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera  ya ardiendo! (...) ¿Pensáis que he venido a traer al mundo la paz?  No, sino división>>. Durante los siglos hemos podido comprobar cómo el mensaje de Jesús ha provocado -y lo hace todavía- la división y la pugna sangrienta entre la verdad y el bien, de una parte, y la falsedad y el mal, de la otra. Nosotros ya nos habremos definido, a estas alturas, de qué parte estamos y hasta dónde estamos dispuestos a llevar nuestra coherencia y valentía.
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Asunción de la Virgen María

            Jesús subió al cielo por sí mismo, por su propia fuerza (Ascensión). María es subida al cielo por manos de ángeles, (Asunción). La subida al cielo de que hablamos, tanto en un caso como en el del otro, no la entendemos como un fenómeno físico, como en el caso de un pájaro que levanta el vuelo o de un avión que despega de la pista, sino como la salida de la dimensión (modo de existir) terrena y temporal, para entrar en otra dimensión espiritual y trascendente.
            María había vivido temporalmente como todos los seres humanos, pero en plena sintonía con Dios. Cuando llegó su hora se cumplió todo lo que ya había esperado, y empezó a disfrutar, en la nueva dimensión, de todo aquello que ya había previsto en su vida humana: Que << su nombre (el nombre de Dios) es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación >>. Que <<a los hambrientos los colma de bienes (en la otra dimensión) y a los ricos los despide vacíos >>.

            La Historia de la salvación nos asegura que este traslado de una dimensión a otra es el proyecto de Dios (el plan salvífico) para todos los seres libres creados. En este sentido, Jesús y María son  cabeza de la humanidad y los primeros entre todos los hijos de Dios. Nosotros estamos destinados a participar del destino final de Jesús y María, si vivimos en sintonía con Dios y estamos en condiciones de poder ser arrancados de la manera de vivir terrenal. Porque << Dios enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes>>.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Estar a punto (- Tiempo ordinario- 19)

             El simbolismo más empleado dentro de la Historia de la salvación, para motivarnos a estar a punto, es el de la noche: Salida de Egipto, Navidad, sueños de S. José, Santa Cena y primeras horas de la Pasión, noche de Pascua. Quizás porque es una hora intempestiva, cuando más desorientados nos podemos sentir, o más indefensos nos encontramos. Tal vez porque es la hora cuando nuestros sueños de liberación y de felicidad son más frecuentes y atrevidos.
            << La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban>>. Aquella famosa noche tuvo lugar, con un esfuerzo titánico del pueblo hebreo, al comienzo de una libertad definitiva. Su liberación espiritual se cumplió en ese mismo momento. La liberación histórica sería para la futura generación: << Con la fe murieron todos estos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y   peregrinos en la tierra>>.

            Las sagradas noches de la Nueva Alianza son más inmediatamente eficaces, como la de Navidad y la de Pascua, porque dan sentido a su propósito al mismo tiempo que se producen, pues que la salvación que Jesús nos trae se puede hacer realidad en nosotros, desde de la misma noche en que tuvieron lugar. Pero Jesús nos exhorta a tener nuestra propia noche en la fe: <<Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. (...) Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. (...) Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o a la madrugada y los encuentra así, dichosos de ellos>>.

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lunes, 25 de julio de 2016

Vivir en contradicción (Tiempo ordinario -18)

             Es verdaderamente un enigma lo que le pasa al hombre; no al hombre en abstracto: a nosotros mismos. ¿No es eso lo que nos pasa cuando, sabiendo que los bienes materiales son caducos, que no podemos mantenerlos más allá de la muerte o que no podremos gozar de ellos si vivimos en enfermedad y, con todo, los deseamos y buscamos con un afán invencible? En otras palabras: ¿Cómo es que vivimos en contradicción patente con lo que pensamos?
            Él libro del Eclesiástico nos avisa: <<Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejar su porción a uno que no ha trabajado. (...)¿Qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? >>. ¿No le hubiera sido mejor contentarse con lo necesario y disfrutar de la vida, dando tiempo a su espíritu para explayarse en la belleza y el bien, en el amor al otro y en el servicio desinteresado? ¿No habría sido más reconfortante compartir lo que le sobraba, en vez de amontonarlo con codicia irresponsable para quien sabe quién y para qué fines?

            Jesús, que nos quiere libres de todo y de todos, nos da la recomendación más sensata y más favorable a nuestra paz interior y, por tanto, a nuestra felicidad:  << Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida  no depende de sus bienes>>. La vida temporal y menos aún la vida eterna. Vale la pena  que escuchemos también a San Pablo cuando dice: <<Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra >>.

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martes, 19 de julio de 2016

Oración de súplica (Tiempo ordinario- 17)

           La oración debería y podría ser de lo más natural en nuestra vida, porque, sólo el hecho de tener voluntad y conciencia de estar con el Señor ya es una magnífica forma de oración. Como en el caso de Abrahán: << Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán>>. Fue entonces cuando Abrahán tuvo ocasión de suplicar al Señor por una causa bien concreta: << ¿Es que vas a  destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por cincuenta inocentes que hay en él?>>.
            Y comienza una larga súplica de intercesión de Abrahán por los habitantes de Sodoma, hasta llegar a la suposición de que se pudieran encontrar diez justos. Contestó el Señor: "En atención a los diez, no la destruiré". San Pablo nos recuerda que, por la intercesión de Cristo, << Dios os dio la vida en El, perdonándoos todos los pecados>>.
            Jesús remacha la necesidad y la eficacia de la oración de súplica, cuando nos recomienda: << Yo os digo: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre >>. Dios sabe bien qué necesitamos y nos lo quiere dar. La oración de súplica prepara en nosotros las disposiciones necesarias para recibirlo, y nos ayuda a elegir qué tenemos que pedir.

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