Los políticos, abiertas las campañas electorales, presentan su programa
de gobierno. Prometen y prometen; siempre lo mejor. Muchas veces saben que sus
promesas son irrealizables y, en algunos casos, mienten, porque no tienen
ninguna intención de cumplirlas.
Llegado el tiempo de su misión,
Jesús se presenta en Nazaret y expone públicamente los objetivos y el estilo de
su tarea como Mesías: << El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él
me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para
anunciar a los cautivos la libertad y proclamar el año de gracia del Señor >>. Los Evangelios son la crónica
del cumplimiento de aquellas promesas: la acogida de los pobres y los
pecadores, la curación de los enfermos, la alimentación de los hambrientos, la
defensa de los niños, la promoción de la libertad y de la esperanza, conforman
su actuar sin desfallecimiento. Lo resumen aquellas palabras: << Pasó
haciendo el bien >>.
Sus seguidores, con los errores y
las culpas inevitables, han alargado por los siglos los objetivos y el estilo
de Jesús. ¿Quién podrá negar la aportación del cristianismo al reconocimiento y
la implantación de la dignidad y los derechos de la persona en la cultura
occidental? Los misioneros en todo el mundo, los hospitales y escuelas
cristianas, los comedores de Cáritas son testigos actuales y vivos del
cumplimiento del programa de Jesús. Existen
algunos antitestimonios -lo sabemos- ¿Por qué cada uno de nosotros no hace lo
posible para eliminarlos?
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