Nadie le quita la vida a Jesús. Es
él quien la da voluntariamente: <<Yo doy la vida por las ovejas >>
(Jn. 10, 15). Aun así, todos sufrimos la angustia de nuestra personal
responsabilidad por causa de nuestros pecados: << El fue traspasado por
nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable
cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron >>.
Las
personas que lo denunciaron, aquel que lo condenó y quienes lo torturaron y lo
ejecutaron, no fueron sino los representantes visibles del misterio de
iniquidad del que todos formamos parte. Y él, que se ha hecho solidario en todo
con la humanidad, asume en su persona las consecuencias nefastas del mal que
hemos cometido todos los humanos, y presenta al Padre la reparación que
nosotros hemos rehuido. Jesús representa ahora una humanidad convertida,
arrepentida y reparadora. << Maltratado, voluntariamente se humillaba y
no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el
esquilador, enmudecía y no abría la boca>>.
Su
generosidad será altamente recompensada: << Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho. (...) Creció en su presencia como brote, como raíz en
tierra árida>>. (…) El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y
entregar su vida como expiación. (…) Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento>>.Gracias al don incondicional de su amor, todos los que creemos en él,
nos unimos a su proyecto salvador y seguimos su camino. También veremos la luz
y nos saciaremos de conocimiento.
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