Pablo y Bernabé <<Volvieron a Listra, a Iconio y a
Antioquía, animando a los fieles y exhortándolos a perseverar en la fe,
diciéndoles que hay que pasar por mucho para entrar en el reino de
Dios>>. Valen igualmente para nosotros estas consideraciones: hay que
mantenerse fieles en la fe ahora que está oscuro, ahora que la incredulidad se
extiende cada vez por zonas más amplias de la sociedad, y cuando parece que el
imperio del mal se va imponiendo de forma astuta por todas partes. Fieles a la
fe cuando, como dijo Benedicto XVI, parece que sufrimos un eclipse de Dios.
Hacemos
memoria de lo que le pasó a Jesús: << Cuando salió Judas del cenáculo,
dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en
él”>>. Pero antes había que dar paso a la pasión y a la muerte, había que
pasar por la tribulación, haciendo frente al mal y soportando las consecuencias
sangrientas de una lucha encarnizada. La vida nueva aparece después de que haya
muerto la vieja, como el tallo nuevo brota a causa de la muerte del viejo grano
de trigo, que había sido enterrado.
El
evangelista Juan tiene una visión de cómo será el futuro: << Yo, Juan, vi
un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra
han desaparecido, y el mar ya no existe>>. El detalle: "el mar ya no
existe" es importante, porque el mar, a la sazón, recordaba el abismo del
mal. En el cielo nuevo y la tierra nueva el mal no existirá: <<Esta es la
morada de Dios con los hombres: acampará
entre ellos. (...) Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no
habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. Y
el que estaba sentado en trono dijo: "Todo lo hago nuevo>>.
Imprimir artículo
No hay comentarios:
Publicar un comentario