Jesús subió al cielo por sí mismo, por su propia fuerza
(Ascensión). María es subida al cielo por manos de ángeles, (Asunción). La
subida al cielo de que hablamos, tanto en un caso como en el del otro, no la
entendemos como un fenómeno físico, como en el caso de un pájaro que levanta el
vuelo o de un avión que despega de la pista, sino como la salida de la
dimensión (modo de existir) terrena y temporal, para entrar en otra dimensión
espiritual y trascendente.
María había
vivido temporalmente como todos los seres humanos, pero en plena sintonía con
Dios. Cuando llegó su hora se cumplió todo lo que ya había esperado, y empezó a
disfrutar, en la nueva dimensión, de todo aquello que ya había previsto en su
vida humana: Que << su nombre (el nombre de Dios) es santo, y su
misericordia llega a sus fieles de generación en generación >>. Que
<<a los hambrientos los colma de bienes (en la otra dimensión) y a los
ricos los despide vacíos >>.
La Historia
de la salvación nos asegura que este traslado de una dimensión a otra es el
proyecto de Dios (el plan salvífico) para todos los seres libres creados. En
este sentido, Jesús y María son cabeza de
la humanidad y los primeros entre todos los hijos de Dios. Nosotros estamos destinados a participar del destino final de Jesús y
María, si vivimos en sintonía con Dios y estamos en condiciones de poder ser
arrancados de la manera de vivir terrenal. Porque << Dios enaltece a los
humildes, a los hambrientos los colma de bienes>>.
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