El simbolismo más empleado dentro de la Historia de la
salvación, para motivarnos a estar a punto, es el de la noche: Salida de
Egipto, Navidad, sueños de S. José, Santa Cena y primeras horas de la Pasión,
noche de Pascua. Quizás porque es una hora intempestiva, cuando más
desorientados nos podemos sentir, o más indefensos nos encontramos. Tal vez
porque es la hora cuando nuestros sueños de liberación y de felicidad son más
frecuentes y atrevidos.
<< La
noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que
tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban>>.
Aquella famosa noche tuvo lugar, con un esfuerzo titánico del pueblo hebreo, al
comienzo de una libertad definitiva. Su liberación espiritual se cumplió en ese
mismo momento. La liberación histórica sería para la futura generación:
<< Con la fe murieron todos estos, sin haber recibido lo prometido; pero
viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra>>.
Las
sagradas noches de la Nueva Alianza son más inmediatamente eficaces, como la de
Navidad y la de Pascua, porque dan sentido a su propósito al mismo tiempo que
se producen, pues que la salvación que Jesús nos trae se puede hacer realidad
en nosotros, desde de la misma noche en que tuvieron lugar. Pero Jesús nos exhorta a tener nuestra
propia noche en la fe: <<Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas.
(...) Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre. (...) Dichosos
los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro
que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega
entrada la noche o a la madrugada y los encuentra así, dichosos de ellos>>.
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