Los estudiosos del cosmos saben que
nuestro pequeño planeta vendrá un día en que no podrá soportar la vida;
incluso, que todo él se puede desintegrar. También está de acuerdo el sentido
común. Sería igualmente correcto aceptar que la suerte de los seres conscientes
y responsables no será la misma. Leemos en el profeta Malaquías: <<Malvados y perversos serán la paja.
(...)Y no quedará de ellos ni rama ni raíz.
Pero a los que honran mi nombre los iluminará u sol de justicia que lleva la
salud en las alas>>.
Cuando preguntaron a Jesús: <<
¿Maestro, cuando va a será eso? ¿y cuál será la señal de que todo eso está para
suceder? >>, Jesús se escapa por la tangente, dando como señales del fin:
guerras, revueltas, terremotos, hambres y pestes, cosas espantosas y señales de
amenaza en el cielo. Todas estas señales se han dado siempre y siguen en la
actualidad. La verdad es lo que Jesús dijo en otra ocasión: << El día y
la hora sólo los sabe el Padre >>.
La profecía más importante de Jesús
al respecto se cumple rigurosamente a lo largo de todos los siglos: Antes de
todo eso os echarán la mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a
la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía. (...)
Os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa
mía. Pero, ni un cabello de vuestra
cabeza perecerá; Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. >>.
Nuestra mejor actitud de espera, según la palabra de Jesús, es llevar su
nombre, venerar su nombre, vivir unidos a él por la fe y el amor, rechazar las
ofertas falsas de salvación y abandonarnos a la voluntad del Padre. Vivir siempre con un talante de vida normal
de acuerdo con la recomendación de San Pablo: << Que trabajen con
tranquilidad para ganarse el pan>>.
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