Presentación

Presentación
Mosén Enric Prat presenta estas nuevas Homilías, totalmente diferentes de las ya conocidas (www.bisbaturgell.org - homilias dominicales). Son diferentes en el contenido, en el estilo y en la extensión. Cada Homilía contiene una sola idea, la expresada en el título. La breve argumentación se basa casi únicamente en los textos litúrgicos del día. Creemos que estas homilías pueden facilitar a cada interesado la preparación de la suya propia; o como guión de un comentario más espontáneo. La mejor utilización, sin embargo, la encontrará cada usuario interesado. Posiblemente, otras personas además de los predicadores, encontrarán en estos escritos la ocasión de profundizar en el sentido íntimo de la Palabra de Dios en la Liturgia, y de saborear el consuelo espiritual que nos ofrece. Sea todo ello para alabanza de Dios y a beneficio espiritual y humano de cuantos quieran hacer uso de este medio. Muchas gracias.
Terminada la publicación en este BLOG de las NUEVAS HOMLIAS, me atrevo a proponer a los amables usuarios una nueva Etiqueta: EL RINCON DE LA MISTICA. La mística, no en su vertiente de hechos extraordinarios, como el éxtasis, la levitación, las locuciones o las visiones, sino como alternativa a la ascética, con la atención puesta en las obras de San Juan de la Cruz y en el autor anónimo del libro lA NUBE dEL NO SABER. La ascética se basa en el razonamiento, el esfuerzo y el protagonismo personal. La mística abandona todo protagonismo personal para atribuirlo sólo a Dios, de acuerdo con lo que recomienda el Salmo 36: Encomienda al Señor tus caminos; confía en él, déjalo hacer. O respondiendo a la oferta de Ap.3,20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. El místico recibe, por medio de la iluminación que le es dada, una noticia nueva de la naturaleza de Dios, que es oscura e inexplicable. Los autores la llaman docta ignorancia o rayo de tiniebla. Este trabajo, que ha sido publicado en la revista l’Església d’Urgell y con una buena aceptación por parte de muchos lectores, puede ser útil para la lectura y meditación particular, y también como herramienta de trabajo para grupos de oración, de formación espiritual o de catequistas. Gracias!

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martes, 17 de noviembre de 2015

El reino de Dios (Tiempo ordinario –34- Cristo Rey)

           El tuétano de la predicación de Jesús fue el anuncio y la promoción del Reino de Dios. Y el programa personal de su vida, en cumplimiento de la voluntad del Padre, fue iniciar ese Reino, que es el proyecto eterno de Dios sobre la humanidad. Ésta humanidad, por la fe, la verdad, la justicia y el amor, peregrina hacia la culminación final del Reino, que tendrá lugar en la gloria del Padre, cuando se habrán unificado todas las cosas en el mismo Cristo. Jesús es el heredero del Reino, y aquel que lo llevará a cabo en todas las personas que aceptan su mensaje: Dice el profeta Daniel: << Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin>>.
           Entrar en el Reino que propone Jesús significa abandonar nuestra visión interesada y egocéntrica, que nos lleva al error y al pecado, y orientar nuestra vida en relación a Dios, que es nuestro término natural y necesario. El Reino que propone Jesús es una vocación al cambio, una invitación a la libertad de cada uno de nosotros para que busquemos lo que más nos conviene, para que elijamos entre el placer inmediato y nuestra realización plena, que sólo puede darse cuando nuestra vida está de acuerdo con el proyecto de Dios. El Reino de Dios es elegir entre la egolatría excluyente y la apertura generosa al Otro y a los demás. El Reino que Jesús nos ofrece va directamente al corazón del oyente invitándole a la conversión, para que dé la vuelta radicalmente a su vida, y así, hacer realidad en nosotros lo que ya se había cumplido en Jesús por su resurrección.
           Romano Guardini dice: << El Reino de Dios significa que le pertenecemos, que somos, en cuerpo y alma, de su propiedad. (...) El gran bien que hay en el reino de los cielos (...) es no tener ya en cuenta las cosas de la tierra: es un sosiego y gloria en sí mismo, un alegrarse de que se alegren todos, una paz perpetua, una santificación grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre >>. Para cada uno de nosotros pertenecer al reino de Dios -del que Jesús es Rey- es algo tan grande y necesario, que el mismo Jesús nos enseñó a pedir constantemente al Padre: << Que venga a nosotros tu Reino >> .
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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Apocalipsis (Tiempo ordinario-33)

            Entendemos por Apocalipsis la revelación de los eventos que tendrán lugar al final de los tiempos y del mundo. Aquellas profecías bíblicas se encuentran principalmente en el Libro del profeta Daniel y, de una forma más contundente, en el Apocalipsis de San Juan. Son profecías de muy difícil interpretación, que no comentaremos. Nos contentaremos con una breve reflexión sobre el mini apocalipsis del final individual de nuestro tiempo y de nuestra vida: cuando se derrumbará nuestra salud, nuestra autonomía, nuestra calidad de vida; y cuando aparecerán, tal vez, los fantasmas de la soledad, del desamparo y de la muerte. ¿Cómo podremos vivir positivamente y con esperanza aquella situación?
           Lo dicho por Daniel puede aplicarse a nuestro fin personal: <<Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. (...)Los sabios brillarán con el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como la estrellas, por toda la eternidad>>. Cuando llegue nuestra hora necesitaremos y nos bastará ser contados en el número de los sabios (de los justos), y por tanto, estar inscritos en el libro de la vida. Según estos pensamientos, el resultado feliz de nuestra fin como vivientes en el cuerpo, no se improvisará de repente, sino que estallará como resultado natural de habernos esforzado para alcanzar en nuestra vida la verdad, el bien, la justicia y el amor.
           El Evangelio de Marcos nos ha transmitido hoy el pensamiento de Jesús, respecto del fin del mundo. Jesús dijo a sus discípulos: << En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad>>. Él vendrá a buscar el equilibrio en la creación y en cada una de las criaturas. Todo será puesto en su lugar. Los justos disfrutarán de su recompensa y los malvados serán ignorados: << Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte>>. El cielo nuevo y la tierra nueva están predestinados exclusivamente para quienes han optado por el camino del bien y lo han seguido. Parece que en ese momento tendrá lugar la evaluación universal y final, aunque creemos que cada justo tendrá acceso de avanzada a su recompensa, desde el primer momento de su apocalipsis personal. No entendemos muy bien cómo será todo, pero sabemos que todo se cumplirá tal como Jesús lo anunció; << El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán >>.


 
 
 

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lunes, 2 de noviembre de 2015

Dios, generoso y exigente (Tiempo ordinario- 32)

            Dar y recibir, ganar y perder. Esta filosofía y esta práctica se refleja a menudo en nuestro lenguaje y en nuestro comportamiento. Estamos dispuestos a dar, pero con la esperanza de recibir, de hacer el equilibrio. En las relaciones con los demás, y también con Dios, nos suele guiar siempre una mentalidad economista. Nada más lejos del pensamiento de Dios, que es amigo del todo o nada. El intercambio de la generosidad de Dios con la nuestra tiene lugar por la vía del amor y del cuidado que él tiene de nosotros, para que salgamos ganando infinitamente. Todo lo que damos a Dios, o en nombre de Dios a nuestros semejantes, es leído por Dios, también en clave de amor. Y él no se deja vencer nunca, ni en amor, ni en generosidad.
           El hombre de Dios, Elías, se encontraba en grave necesidad, y pide a la mujer de Sarepta de Sidón: <<Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba. (...) Tráeme también en la mano un trozo de pan. Respondió ella: “Te juro por el Señor, tu Dios que no tengo ni pan. Me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un poco de pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos, y luego moriremos. “Respondió Elías: (...) Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme para mí un panecillo y tráemelo. Para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se vaciará. Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías >>.
He aquí un testimonio emocionante del traspaso de favores entre Dios y nosotros.
           Aún encontramos otro similar en el Evangelio de hoy: el de aquella << Viuda pobre (que pasando ante el buzón, en la sala del tesoro del templo), echó dos reales>>. Aquí vemos la sensibilidad de Dios ante la generosidad de los pobres, cuando Jesús, que <<Observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad. (...) Llamando a sus discípulos les dijo: “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado más que nadie: ha echado todo lo que tenía para vivir>>. ¿Qué tal nuestra generosidad ante los desvalidos de este mundo? ¿Hemos llegado a dar tan sólo una mínima parte de lo que nos sobra, o nos hemos arriesgado a compartir lo poco que necesitamos?

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lunes, 26 de octubre de 2015

Una nueva civilización (Tiempo ordinario- 31)

            Globalmente, la historia de la humanidad no es bonita. El bien innegable que la recorre de punta a punta se acaba oscurecido, casi eclipsado por odios, guerras, depredación sistemática, acopio sin sentido; por la reducción a la esclavitud, por los holocaustos, por la corrupción generalizada. Los poderosos de la política, de las empresas gigantes, de la banca, con frecuencia engordan con la sangre del pueblo. Las religiones, en los momentos numerosos de radicalismo total, han manipulado -algunas manipulan todavía- la buena fe de los creyentes y, a veces, han empleado, en nombre de Dios, una inconfesable violencia, bajo el velo de la integridad de la fe. De hecho, una parte de historia de la humanidad se ha escrito al margen de la trascendencia -como si todo comenzara, se desarrollara y terminara en la tierra- y no hubiera ningún Ser Supremo de quien viene todo y hacia quien se encamina todo, bajo su amorosa mirada. Pienso que el pequeño porcentaje de los que, desde los orígenes y hasta la fecha, ya han vivido una civilización del amor, es el que ha dado viabilidad ye sentido a toda la humanidad; como la sal da sabor a los alimentos insípidos.
           El libro del Deuteronomio intenta orientar el pueblo de Israel hacia la civilización de la fe y del amor, cuando dice: << Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con todo el alma, con todas las fuerzas >>. Este es el principio básico para una civilización exitosa y feliz; válida para todo el globo y para todos los pueblos de la tierra, hasta el fin. Las pseudo democracias que padecemos, piensan erradicar la corrupción y la injusticia cambiando el signo de sus gobernantes. Pero, lo máximo que consiguen es un cambio de color y de signo de la injusticia y la corrupción, que los nuevos gobernantes seguirán practicando con nuevas medidas, tal vez aún más lacerantes.
           La razón es evidente: no tenemos personas convertidas a la verdad total y al amor universal que puedan gobernar las naciones, y aquellas que sí están, no tienen posibilidades de acceder al poder. Jesús, que es el exponente máximo y sobrenatural de la civilización del amor, completó el mensaje del libro del Deuteronomio que nos invita al amor a Dios, con un segundo mandamiento: << El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos >>. Con el cumplimiento fiel de estos dos mandamientos se establecería en el mundo el Reino de Dios. << Reino de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz >>. Al maestro de la ley que habla con Jesús, y que ha entendido perfectamente esta doctrina, Jesús le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios >>



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lunes, 19 de octubre de 2015

La respuesta interior (Tiempo ordinario - 30)

           El médico lo sabe muy bien. Cuando el enfermo responde con el deseo evidente de curarse, cuando éste exhibe una voluntad firme y una esperanza manifiesta, tenemos puesta la base más segura para conseguir resultados satisfactorios con el tratamiento prescrito. En todos los demás aspectos de la vida, más aún en los psicológicos y morales, la disposición positiva del sujeto y su capacidad de reacción y de autoayuda son de una importancia capital. Es el sentido del fragmento de Jeremías que hemos escuchado: << Así dice el Señor: "Gritad de alegría por Jacob, (...) El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. (...) Mirad que yo os traeré del país del norte. (...) Los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito>>. Mejor propuesta para despertar la esperanza y la colaboración del pueblo, en vistas a su liberación, no la podríamos encontrar.
           En el Evangelio de hoy encontramos un caso personal de firme voluntad de curación junto con una esperanza, incluso atrevida, de conseguirla. Se trata del ciego de Jericó: << Al oír que era Jesús de Nazaret, empezó a gritar: "Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí >>. Conocía de referencia el poder sanador de Jesús y comprendió que había llegado su hora. Ahora tenía motivo suficiente para confiar, sin duda, en su curación. Nadie lo podrá detener en su intento de llamar la atención de Jesús: <<Muchos la regañaban para que se callara, pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí>>.
           Y se produjo el fenómeno milagroso de su curación: << Jesús se detuvo y dijo: "Llamadlo". Llamaron al ciego diciéndole: “Animo, levántate, que te llama".Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: "¿Qué quieres que haga por ti?".El ciego contestó: "Maestro, que pueda ver>>. El ciego ha demostrado suficientemente que se quiere curar y que cree firmemente en el poder de Jesús para curarlo. Aquí ya no falta nada. Se dan las condiciones para el milagro. << Jesús le dijo: "Anda, tu fe te ha curado". Y al momento recobró la vista y le seguía por el camino >>. Seguro que nos llega al corazón este pasaje del Evangelio. Quizás, sin embargo, nuestra voluntad de curación espiritual y nuestra fe en Jesús, que puede obrarla, no están a la altura de las del ciego.
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lunes, 12 de octubre de 2015

El Servidor sufriente (Tiempo ordinario- 29)

           Comprometerse a hacerse servidor de alguien implica aceptar el sufrimiento que el mismo servicio incluye. Por ejemplo, la madre que, deviniendo por naturaleza servidora de su bebé, asumirá de buen grado todas las privaciones y todos los esfuerzos inherentes a la nueva situación, aunque el recién nacido resultara ser enfermizo, minusválido o deficiente. Como también el que se compromete a cuidar de un enfermo crónico, deberá aceptar el sufrimiento, tal vez muy considerable, de la atención física y moral y, de rebote, compartir los dolores del enfermo o, tal vez incluso, las rabietas de un enfermo que no acepta su situación. El peor sufrimiento para quien sirve debe ser la ingratitud o, en algún caso, la maldad del que es servido.
           El servicio amoroso y sufrido es la obra maestra de una buena persona. ¿Qué podría hacer de mejor para acreditar la grandeza y la hermosura de su alma? Isaías, intuyendo al Mesías que había de venir, escribe: <<El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. (...) Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. >>. El servidor, pues, en moral simbiosis con aquel que es servido, carga sobre sí los sufrimientos de este último y le hace participante de su salud y de su luz: <<Por los trabajos de su alma verá la luz; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano>>.
           Jesús, que había dicho de sí mismo que no había venido a ser servido sino a servir, avisa a sus discípulos para que recuerden su ejemplo y lo pongan en práctica. Los avisa diciendo: <<Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos>>. Desde entonces, los verdaderos hijos de la Iglesia, y los auténticos seguidores del Evangelio son aquellos que se hacen servidores de los más necesitados, y dedican su vida a favor de los que los necesitan, sea en casa, sea como enviados, donde quiera que sea necesario su servicio.
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lunes, 5 de octubre de 2015

Peligros del poseer (Tiempo ordinario- 28)

           Parece ser un instinto de la naturaleza humana. Nos referimos a la obsesión por poseer más y más cosas, más y más riquezas, hasta que el corazón queda cerrado a toda posibilidad altruista. Al llegar a este estado el hombre ya no posee nada, al contrario, es gobernado y poseído por aquellas cosas que ha pretendido poseer. Ha perdido la libertad y se ha encadenado a la esclavitud de las riquezas que, con tanta obstinación ha buscado. Ahora, el hombre ha perdido el juicio, y se ha vendido a sí mismo por un plato de lentejas. ¡Oh, si pudiera recobrar el sentido común, el entendimiento, la sabiduría! Dice el libro de la sabiduría: << Supliqué y me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en comparación tuve en nada la riqueza>>.
No se ven señales por ningún lado, pero es urgente que la gente más despierta se dé cuenta que la calle por donde vamos no tiene salida. La humanidad cada vez tiene más ciencia, más poder, más bienes globales, al tiempo que aquellos logros se concentran cada vez en menos personas, mientras crece el número de los empobrecidos y marginados, sin que ni unos ni otros vislumbren por ninguna parte la felicidad. ¡Ojalá que muchos hicieran suya la oración del salmista! << Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato>>. ¡Ojalá los de arriba y los de abajo se persuadieran, unos y otros, de esa profunda convicción del sabio! << Junto con la sabiduría me han venido todos los bienes, llevaba las manos llenas de riquezas incontables >>. Riquezas espirituales, más que nada, que llevan con ellas el elixir de la felicidad.
El hecho que narra el Evangelio de hoy confirma gráficamente todo lo que acabamos de decir. Dice así: << Se le acercó uno corriendo (después sabemos que se trata de un joven rico) se arrodilló y le preguntó: "Qué haré para heredar la vida   eterna? >>. Jesús le propuso procurar una vida honesta cumpliendo todos los mandamientos de Dios. El hombre le contestó que esto ya lo hacía pero, implícitamente, le confesó su infelicidad. Entonces Jesús más a fondo, yendo a la raíz de su problema, que era el apego a las riquezas, y le dijo: "Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. Él no está dispuesto a deshacerse de la afección vital a la riqueza, que es la causa única de su infelicidad. Por esta razón << A estas palabras él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico>>.




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lunes, 28 de septiembre de 2015

Ayuda y compañía (Durante el año -27)

            La narración simbólica del Génesis sobre la pareja, que hemos escuchado, contiene una tesis, una lección teológica de un alcance doctrinal sobre el tema que, aplicado y vivido en su totalidad, resulta ser el más sabio, útil y satisfactorio de todos los que se han ensayado en el curso de la Historia. Un solo hombre y una sola mujer constituyen el equipo natural y primario en vistas a la ayuda y a la compañía, con el fin de evitar la tristeza de la soledad. Además, las limitaciones y carencias individuales se pueden superar con la suma de las cualidades del hombre y de la mujer, en vistas a un mismo proyecto de vida: <>.
            La constitución de la pareja no pretende solamente resolver las carencias y las necesidades de uno y otro, sino aquellas de la nueva realidad, es decir, del nuevo ser moral, como viene a ser la unión de los dos, comprometidos en una sola visión de futuro y un proyecto de vida único. << Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán lo dos una sola carne >>.
            La pareja, cuando ha decidido recorrer juntos un itinerario, conseguir un objetivo común, colaborar con el designio creador de Dios de comunicar la vida en las mejores condiciones, debe prever dificultades y sobresaltos de todo tipo. Son arrecifes y piedras en el camino que se darán en cualquier opción de vida, en toda vocación, sea en solitario o en pareja. En situaciones semejantes la actitud razonable y ética, no puede ser nunca el abandono, la cobardía o la traición, sino la puesta en marcha de todas las capacidades intelectuales, morales y afectivas para superar los obstáculos. Es lo que llamamos fidelidad, éxito en la empresa y felicidad personal por el objetivo cumplido. Los fariseos dijeron a Jesús: << Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. (...) Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre>>. Ante la escandalosa facilidad actual de separaciones ¿qué podemos pensar de la responsabilidad, de la valentía moral y del nivel de humanidad de la gente de nuestro tiempo.

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lunes, 21 de septiembre de 2015

Los que vienen con nosotros (Tiempo Ordinario-26)

               Cuando pensamos en los demás, a veces, nos mostramos inclinados a una gran estrechez de miras. Los que vienen con nosotros: en los actos religiosos, en la confesión pública de la fe, en la práctica de los sacramentos, nos merecen un juicio positivo, porque son de los nuestros, los elegidos, los preferidos por Dios. A los que no hacen nada de ello los consideramos como gentiles y como rechazados por Dios, o al menos como alejados de Dios, que tenemos que tratar de reconducir. El libro de los Números nos  cuenta: <<Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. (…) Pero el Espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento>>. Moisés lo aprobó generosamente y dijo: "Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor>>. Pensamos que la actitud de Moisés en este caso se aviene a la amplitud de la forma de pensar de Dios.
               En el Evangelio hemos escuchado que Juan compartía nuestra estrechez de miras. << Juan dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros>>. Jesús, poniendo de manifiesto el modo de pensar de Dios, como otrora lo había hecho Moisés, respondió a Juan: << No se  lo impidáis, porque uno que hace milagros  en mi nombre no puede luego hablar mal de mi>>. Tan solo quienes están en contra de Dios o de sus mensajeros pueden ser considerados adversarios o, en caso de actitudes agresivas, enemigos. Porque puede haber mucho de verdad y de bien en el interior de personas honestas que aún no han tenido acceso a la revelación.
               Aquello que Dios valora en cada uno de nosotros -como también lo hace Jesús- es la rectitud de conciencia y la fidelidad con que uno obedece las instrucciones que de la misma conciencia nos llegan. Por ejemplo, quien se mueve a hacer el bien llevado de la caridad, de alguna manera ya es de Cristo; al contrario, aquel que causa daño a los demás por falta de amor, de ninguna manera, puede ser su discípulo. Jesús lo confirma diciendo: << El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar>>.

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martes, 15 de septiembre de 2015

Una presencia perturbadora (Durante el año - 25)

               ¿No es verdad que corremos el peligro de aburrirnos, de desanimarnos y de acomodarnos perezosamente a un estilo de vida mediocre? ¿No nos damos cuenta de que nuestro pensar no se actualiza ni se renueva como convendría y que, a menudo, vivimos de convicciones y principios caducos, que pensamos que nos justifican, pero que no aportan nada a una vida esplendorosa y exultante? ¿No nos damos cuenta de que, a veces, nuestro talante e, incluso nuestra vida moral, pactan con un ritmo tedioso que intentamos justificar con aquello de la debilidad humana?
               Cuando éste es nuestro estado habitual, la presencia de alguien que lleva una novedad  intelectual o alguna posibilidad nueva, con nuevos horizontes en vistas a mejorar el ritmo y la calidad de nuestra vida, nos desconcierta y nos estorba. No acostumbramos a valorar y a querer a alguien que, por su clarividencia o por su comportamiento ejemplar, nos despierta de nuestro letargo. En una situación semejante, el pueblo de Israel solía rechazar la presencia de los profetas, como lo hemos leído en el libro de la Sabiduría: <<Se dijeron los impíos: " acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones,  nos echa en cara nuestros pecados,  nos reprende nuestra educación errada>>.
               Una tradición de rechazo de los profetas llevó al pueblo hebreo a rechazar también al Mesías. Jesús, que anunciaba una doctrina nueva, y que hablaba como nunca nadie lo había hecho; él que en su comportamiento era un ejemplo vivo para el compromiso del hombre con Dios y para la relación mutua entre los humanos; él que vivía para el bien y la verdad, nunca fue oficialmente aceptado, sino rechazado y perseguido. Por ello: <<Iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará>>. Aquella terrible perspectiva, lejos de debilitar su compromiso, lo fortalece y lo traspasa a los discípulos: << Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos >>. ¿Cómo es recibido hoy Jesús en los estamentos públicos, en las comunidades humanas y en los hogares de todo el mundo? ¿Será porque nos estorba su integridad, en tanto que da relieve a la falsedad, a la ofuscación, a la inmoralidad y al desenfreno de nuestros tiempos? 

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lunes, 7 de septiembre de 2015

En la hora de la prueba (Tiempo Ordinario - 24)

           Más que buscar positivamente el sufrimiento, como ayuda para avanzar en el camino ascético de vida cristiana, lo que nos hace fuertes y nos mantiene preparados para la gran prueba, es un entrenamiento constante en la aceptación del dolor y los sobresaltos ordinarios . El cumplimiento generoso del deber de cada día en los avatares de nuestro estado de vida, tanto en las relaciones familiares, laborales y sociales, como en nuestra intimidad personal, aportan suficiente carga de sufrimiento y de esfuerzo, como para disponernos a la aceptación de la gran prueba, y para governarla positivamente, en el momento en que aquella aparezca. Más, si vivimos todo esto en el Señor y con él.
           Es el caso del profeta Isaías. Dice: << El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás; ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos>>. La fortaleza del profeta no es una improvisación, sino que denota una preparación duradera en la aceptación positiva de los obstáculos de la vida. Siempre a la presencia de Dios, y contando con él. Por eso dice: <<El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes (...) Tengo cerca a mi defensor. (…) Mirad, el Señor me ayuda, ¿Quién me condenará?>>.
           El caso paradigmático, sin embargo, y eminente de este comportamiento lo encontramos en la persona de Jesús. Durante toda su vida se ha abrazado con la pobreza, el cansancio, la oración constante, la incomprensión de muchos, la aversión y la enemistad declarada otros. Él ha vivido todo este proceso en íntima comunión con el Padre. Todo en vistas a la gran prueba final. Desde esta situación instruye a sus discípulos, diciéndoles: << El hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días>>. A Pedro, y seguramente también a los otros discípulos, les pareció una situación inaceptable. Por ello, << Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: " ¡Quítate de mi vista, Satanás!>> Termina Jesús señalando el programa para sus seguidores: <<El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará >>.
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lunes, 31 de agosto de 2015

Como una nueva creación (Tiempo Ordinario – 23)

           Una humanidad desorientada, sin ningún horizonte de esperanza, abatida bajo la propia degradación moral, tenía necesidad urgente de una renovación a fondo. El profeta Isaías, conocedor privilegiado del estado deplorable de su pueblo, y en general de todos los pueblos en aquella época, alienta a todos con el anuncio de una nueva realidad que Dios, el Creador, está a punto de realizar como si fuera una nueva creación. Dice así el profeta refiriéndose a la era mesiánica: <<Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite. (...) Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo>>.
           Con la venida del Mesías tuvo lugar la inauguración de la nueva era anunciada por el profeta. Desde entonces han transcurrido más de veinte siglos, y para incontables humanos se ha hecho realidad la novedad anunciada por Isaías. Aquellos que han acogido el Mesías, han creído en su mensaje y han elegido hacerse seguidores suyos, dejándose seducir por el bien y detestando todo mal, se han convertido en una nueva generación, un pueblo nuevo, que vive una realidad llena de sentido, en un horizonte de esperanza, como hijos de Dios invitados a una vida para siempre. Santiago lo expresa así: << ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman?>>.
En nuestra generación, sin embargo, todavía hay una inmensa multitud que se mantiene sorda a la novedad que nos trajo Jesús, que es la voz de Dios; multitud que sigue siendo muda, hasta el punto de no saber alabar a Dios ni de darle gracias. La novedad que trae Jesús al mundo, de hecho, es como una nueva creación para la humanidad, es ofrecida a seres libres, y es eficaz únicamente en aquellos que voluntariamente lo aceptan, como se desprende del pasaje evangélico de San Marcos:<<Le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar, y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá, esto es: ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad>>. ¡Ojalá a nosotros nos ocurriera lo mismo espiritualmente!
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lunes, 24 de agosto de 2015

Permanencia de lo sagrado (Tiempo Ordinario-22)

           Hasta hace poco ha predominado en nuestra cultura el sentido de lo sagrado. Todo, hasta los hechos ordinarios y puntuales, eran considerados en relación a Dios y dependiendo de él al detalle. Así, la salud y la curación de los enfermos, el tiempo propicio a las cosechas, los eventos meteorológicos, las epidemias y las catástrofes naturales, incluso las invasiones y las guerras. Todo se veía como llevado directamente por la mano de Dios y considerado como premio de la virtud o como castigo por los pecados. Los avances espectaculares de la ciencia han puesto de manifiesto que muchos fenómenos y otros hechos concretos se pueden prever con precisión y, en caso necesario, ser modificados a voluntad, mediante las técnicas y los medios que tenemos a mano. Hasta cierto punto el mundo se ha desacralizado.
           Decimos hasta cierto punto, porque la relación de todo con Dios permanece más allá, en el principio y fundamento de todo, en las leyes universales que hacen, por ejemplo, que la tierra sea apta para la vida y sirva de habitáculo para el hombre; que esté dotada de una atmósfera favorable, que las lluvias, el frío y el calor, a lo largo de todos los siglos, se sucedan más o menos a un ritmo propicio para el mantenimiento de la vida. La dependencia de todo con respeto de Dios, que es su creador, el mantenedor y el guía, hace que todo sea sagrado, y más sagrada es la creación cuando ésta más se ajusta al proyecto original de Dios.
           Pasando ahora al plano espiritual y moral que es propio del ser libre, hay que concluir que el hombre es más sagrado, más perteneciente a Dios y más santificado, cuando más cumpla las leyes morales establecidas por él. Leemos en el Deuteronomio: << No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos en obra. Que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos dirán: cierto, que esta nación es un pueblo sabio e inteligente y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor de nosotros siempre que lo invocamos?>>. Así reconocerán los gentiles que el pueblo que cumple los mandamientos de Dios es un pueblo sagrado que vive cerca de Dios, un pueblo santo. Ahora bien, la obediencia a los mandamientos que Dios pide sólo santifica y hace sagrado al hombre, cuando sale del corazón en espíritu y verdad, para que no nos tenga que decir Jesús, como dijo a los fariseos: << Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos  de mí >>.
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martes, 18 de agosto de 2015

Compromiso definitivo y fiel (Tiempo Ordinario- 21)

           Cada uno de nosotros, en algún momento, optamos por un modelo de vida u otro. No me refiero a qué estado - celibato o matrimonio- o que profesión o carrera queremos elegir, sino a una cuestión más nuclear. La cuestión sería: ¿Quiero vivir sin Dios, como si Dios no estuviera, o quiero contar con Dios y quiero ponerlo de lleno en mi vida, esperando a la recíproca, que él cuente conmigo y me proteja? También me puedo plantear: ¿En qué o en quién puedo depositar mi última esperanza para llegar a alcanzar una vida digna, significativa, valiosa, de la que me pueda sentir satisfecho, incluso orgulloso? Algunos se fían del dinero, del poder, del hedonismo; otros eligen a Dios a quien conocen como Verdad, Bien y Amor, y se comprometen a hacer vía con los hermanos, que peregrinan hacia una vida mejor y definitiva.
           Cuando los israelitas llegaron a la tierra prometida, << Josué habló a todo el pueblo: "Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Eufrates, o los dioses del amorreos, en cuyo país habitáis; yo y mi familia serviremos al Señor". El pueblo respondió: "!Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! (...)  También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!>>.
           En el Evangelio de hoy hemos encontrado otro compromiso histórico envuelto en una problemática normal, hecha de dudas y de malas interpretaciones, y con resultados opuestos. << Muchos discípulosde Jesús, al oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿Quién puede hacerle caso?>>. Jesús entonces les explicó que él les había hablado espiritualmente, que lo que él les proponía era la firme adhesión a su persona y a su mensaje, una estrecha comunión de pensamiento, de intenciones, de amor y de actitudes con él. Lo explica claramente, diciendo: << El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida >>. Pero ellos no le entendieron: << Muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él>>. Los apóstoles, con Pedro a la cabeza, por el contrario, reafirmaron el compromiso y se expresaron así: << "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios >>. ¿Hemos tomado nosotros un compromiso definitivo y fiel respecto a la adhesión a Jesús, y por él a Dios?
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miércoles, 12 de agosto de 2015

Alimento espiritual (Tiempo ordinario-20)

           El lenguaje bíblico hace uso muy a menudo de la comparación entre el alimento físico y el espiritual. Quizás para suscitar interés, quizás para que se entienda mejor el mensaje espiritual. En este sentido leemos en los Proverbios: <<La sabiduría (…) ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa>>. A continuación aclara que se trata de un convite espiritual, cuando dice: <<Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio. (…) Dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia>>.
           El alimento de nuestro cuerpo es tan imprescindible, que la misma naturaleza se ocupa de que el feto, recién concebido, se alimente de la sangre de su madre y, de manera similar, cada ser viviente encuentra su sostenimiento en el mismo entorno que le ha dado la vida. La vida espiritual, sobre todo en su vertiente sobrenatural, pide la participación de la voluntad libre, tanto para darse cuenta de sus necesidades, como para buscar su alimento y encontrarlo. Dice el salmista: << Gustad y ved qué bueno es el Señor >>. Este buscar y encontrar el alimento espiritual trastorna el orden de la vida física corporal, porque el hombre espiritual ha descubierto su necesidad de bien, de verdad, de discernimiento entre el bien y el mal, de altruismo y de amor. Por eso pasa a veces lo que leemos en el salmo: << Los ricos empobrecen y pasan hambre; los que buscan al Señor no carecen de nada >>. Algunos viven y quizá mueren demasiado hartos en su cuerpo, mientras su espíritu muere de inanición. Otros, que sufren la escasez de pan, viven en la abundancia de nutrientes espirituales.
           Dicho esto, creo que se puede entender mejor el mensaje del fragmento de San Juan que hemos escuchado. << Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre >>. La vida de Jesús, sus enseñanzas, su amor a todos, la inaudita esperanza que proclama, su entrega a la muerte con sangre derramada y la carne triturada, acabó todo en vida nueva de resucitado. La vida, la muerte y la resurrección de Jesús son el mejor alimento espiritual que nunca había conocido la Historia. Razón por la que añade Jesús: <<Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre>>. Comemos este pan cuando aceptamos a Jesús sin condiciones y hacemos nuestra su enseñanza; cuando nos dejamos conducir por él, al punto de no vivir ya para nosotros mismos, sino para Dios y para los demás.
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lunes, 10 de agosto de 2015

El Arca de la Alianza (Asunción de María)

           En la tradición de Israel, el Arca de la Alianza era como un gran cofre que contenía las tablas de la Ley recibidas por Moisés en el Sinaí, de manos de Dios. El Arca merecía la máxima veneración como el Objeto Sagrado por eminencia; como un regalo de Dios a su pueblo. Leemos en el libro de las Crónicas:  << Los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el Arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor>>. Merece atención el hecho de que un objeto material, portador de la ley, pudiera merecer una veneración tan grande, teniendo en cuenta que la ley no fue de ninguna manera suficiente para la salvación. Nos dice San Pablo: << El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley>>. Así pues, la ley no salva. No hace más que identificar y definir el pecado, porque éste consiste, en concreto, en transgredir la ley.
           La veneración del Arca llega hasta el punto de introducirla en el lugar sagrado y de tributarle un culto similar al que es ofrecido a Dios. Dice el libro de las Crónicas: <<Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios >>. De esta manera, el Arca, portadora de la ley, ha sido elevada al máximo honor y veneración del viejo Testamento, para que se convirtiera en símbolo profético de María que, en el nuevo Testamento, es considerada portadora de la gracia.
           La ley, contenida en el Arca era incapaz de salvar, mientras que la gracia contenida en María abre la puerta a la salvación universal. En el arca la ley se materializó en unas tablillas de piedra, la gracia se hace presente en la persona de Jesús, el Hijo de Dios. Hay tanta diferencia entre la grandeza del Arca y la de María como entre las tablillas de piedra y el Verbo encarnado, como entre la ley y la gracia. En el Arca la ley fue puesta exclusivamente desde fuera, en María el Verbo se encarnó por una propuesta del ángel representante del mismo Dios y el asentimiento libre de la que había de ser portadora. Alguien la alabó ya en vida cuando dijo: << Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron >>. La cristiandad entera ha atribuido a María el máximo honor y gloria cuando ha creído y confesado, desde el primitivo cristianismo, que María, al llegar su hora, fue llevada al cielo por manos de ángeles y asociada para siempre al Reino de su Hijo.
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lunes, 3 de agosto de 2015

El Pan que da la vida (Tiempo ordinario - 19)

           << Los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: << Yo soy el pan bajado del cielo >>. Tampoco es demasiado extraña aquella reacción de los judíos: Jesús era un hombre conocido de todos. ¿Cómo podía ser pan? El lenguaje de Jesús no era el normal de la gente que habla casi siempre de cosas terrenas, y empleando unos términos siempre en sentido literal, donde el pan significa pan y el vino significa vino. Jesús, a menudo, habla en parábolas, metafóricamente, y navega en un mundo espiritual y celestial. Su auditorio vive preocupado por el pan de la mesa y Jesús les quiere abrir estimulantes horizontes espirituales.
           Sus oyentes son mayoritariamente personas religiosas. Por ello dirige su discurso hacia el Padre, el Dios de Abraham, que ellos conocen: Les dice: << No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día >>. Ahora ya pueden entender que los quiere llevar a un mundo espiritual que conduce a la vida eterna. Para hacer el atajo que les propone, el camino debe ser acercarse a él (Jesús) desde la fe de Abraham: << Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. (...) Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí >>.
           Todos los que han descubierto a Jesús, y se adhieren a él por la fe, la confianza y el amor, como compañero de camino hacia el Padre, tienen éxito en su empresa. Lo afirma Jesús rotundamente, cuando dice: << Os lo aseguro: "El que cree tiene vida eterna >>. Ahora, Jesús se ofrece a sí mismo como guía y apoyo, como alimento y bebida, para el itinerario hacia la vida eterna. Siguiendo la metáfora, Jesús afirma: <<Yo soy el pan de vida (...) Este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Comer ese pan significa la adhesión incondicional y definitiva a Jesús por la fe en él, la confianza y el amor, como se expresa y se cumple eminentemente en la Eucaristía, que es comunión con el cuerpo y la sangre de Jesús. Es la donación que él hará de sí mismo en la pasión y la muerte, en miras al triunfo total de la resurrección: << El pan que yo daré es mi carne: para la vida del  mundo >>.
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lunes, 27 de julio de 2015

El pan bajado del cielo (Tiempo ordinario -18)

           Con la palabra pan entendemos el alimento que sustenta nuestro cuerpo. El hombre lo reclama y lo busca incansablemente. Está en su derecho, porque tiene necesidad de él para el sostenimiento de la vida. El pueblo de Israel, caminando por el desierto y sufriendo hambre, pidió pan a Moisés, echándole en cara que los hubiera hecho salir de Egipto, donde << Comían tanto pan como querían. (...) El Señor dijo a Moisés: <<Yo haré llover pan del cielo (...). Por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. (...) Al verlo, los israelitas, se dijeron: "¿Qué es esto?" Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: es el pan que el Señor os da de comer>>. Dios, pues, cuida del sostenimiento corporal de sus hijos, los hombres.
           En tiempos de Jesús, después que él hubiera alimentado la multitud que le seguía, dándoles tanto pan como quisieron, aquellas gentes << Se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús>>. Lo querían hacer rey para que les asegurara el sustento corporal. Jesús les reprocha que no hayan entendido el alcance de su mensaje y no hayan sabido ver en sí mismos ninguna otra necesidad más, que aquella primaria de sus cuerpos. Les dijo Jesús: <<Os aseguro, me buscabais, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros>>. A continuación intenta conducirlos hacia el descubrimiento de sus necesidades espirituales, y les dice: <<Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna>>.
           Ya lo había dicho en otra ocasión: << No sólo de pan vive el hombre >>. ¡Oh, si pudiera conseguir que los hombres descubriéramos nuestras necesidades más profundas! Porque tenemos necesidad de conocer el proyecto de Dios a favor nuestro, y de ajustarnos a la verdad y al bien; necesidad de disponernos a recibir y a dar amor, de ser capaces de promover y conseguir la paz entre nosotros. Tenemos necesidad de ser acogidos en nuestra totalidad, de ser perdonados y justificados, de ser invitados a una vida trascendente. Entonces, Jesús se presenta metafóricamente como el pan bajado del cielo, que luego concretará aún más en la Eucaristía. El pan <<Que os dará el Hijo del hombre. (...) Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. (...) Yo soy el pan que da la vida: el que vienen a mí no pasará hambre, el que cree en mí nunca pasará sed >>.
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lunes, 20 de julio de 2015

El orden de los factores (Tiempo ordinario - 17

           En el proceso de formación integral de la persona humana, sí cuenta el orden de los factores. Cuando uno pasa hambre, cuando está desnudo o sin techo, cuando no tiene cubiertas al mínimo las necesidades físicas básicas, o cuando se ve privado socialmente de justicia y de derechos, y se siente marginado y excluido, tampoco puede considerarse, en general, sujeto apto para acceder a bienes intelectuales y espirituales. Él mismo lo rechazará de entrada. El aforismo clásico lo admite claramente cuando dice: "Primero es ser, después, filosofar". Todavía hay otro "handicap". Cuando uno está sobresaturado de comer y de beber, de vestirse ricamente y de acumular riquezas, tampoco es apto para desear y buscar los bienes intelectuales y espirituales. Este se ha estacionado en el nivel inferior del hombre y, apenas es capaz de salir.
           El profeta Eliseo ya lo entendía bastante bien. Cree que el primer deber es el de dar pan a los hambrientos. Para ello dispuso que repartieran entre toda la comunidad los veinte panes de cebada que le había llevado un hombre de Baal-Salisi: << Eliseo dijo (a su servidor): "dáselos a la gente, que coman”. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará. Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor>>. Nuestros misioneros, gracias a Dios, también lo entienden perfectamente. La primera tarea que se proponen es la de acoger a la gente maltratada, procurarles alimento y vestido, ocuparse de su salud física y valorarlos como personas. Así, su donación personal y su amor predisponen a los pobres para la acogida del anuncio del Reino.
           ¿No es, acaso, la misma actitud que toma Jesús ante las multitudes? En este pasaje del Evangelio, Jesús no predica. Sólo presta atención a las primeras necesidades básicas de aquella gente: <<Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. (...) Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué comparemos panes para que coman   éstos?>>. Le dijeron: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces". << Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados y lo mismo todo lo que quisieron del pescado>>. Más difícil es predisponer a los demasiado ricos y demasiado satisfechos para que quieran acoger el anuncio del Reino.
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lunes, 13 de julio de 2015

El rebaño y el pastor (Tiempo ordinario -16)

           La persona humana, ser inteligente, libre y, por tanto, responsable, debe tener necesariamente un sentido, un destino y una plenitud diferente de la naturaleza muerta y de la vida irracional. La Biblia presenta al hombre como el rey de la creación al que Dios encomienda que crezca, se multiplique y domine la tierra. La superioridad del hombre por encima del resto de criaturas radica en un plus de vida que es espiritual y que, para realizarse como tal, debe seguir una hoja de ruta, descubierta por su condición de inteligente, y seguida con gran cuidado, por su condición de libre. La meta del hombre espiritual hay que situarla en su encuentro con el Gran Espíritu. San Agustín lo expone muy gráficamente cuando dice que el corazón del hombre está hecho para Dios y que sólo reposa cuando descansa en Dios.
           Como sea que el hombre se siente atraído por objetivos carnales inmediatos y ve el objetivo espiritual muy lejano y difuminado, necesita la ayuda de un guía, de un maestro, de un pastor en lenguaje bíblico, que le ayude a descubrir y poner en práctica la hoja de ruta del espíritu. El profeta describe el drama que representa para los fieles cuando los pastores subalternos humanos son incompetentes o agoreros:      << Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor>>. Luego, Dios mismo se hace cargo de guiar al rebaño: << Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas (…) y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen>>. Acto seguido, el profeta ve un futuro espléndido, cuando afirma: << Mirad que llegan días –oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo (…) En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro>>. Evidentemente se refiere a la venida del Mesías que será el Pastor definitivo y perfecto para actualizar la hoja de ruta hasta la perfección de la humanidad.
           << Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles con calma >>. Es así como Jesús ha iluminado el camino a todos aquellos que han querido escucharle, y ha creado una nueva humanidad centrada en él. Una humanidad instalada en una paz íntima que es fruto de la esperanza y del amor. Una humanidad que encuentra el verdadero sentido a su existencia presente y futura, porque sigue la voz de su pastor. El salmista lo celebra, diciendo: "El Señor es mi pastor, nada me falta, me hace descansar en verdes praderas; me conduce junto al agua, y repara mis fuerzas".
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